Papá blues
Por Patricio Ortega*
La vida te da sorpresas, canta alegre el borracho que vio a Pedro Navaja tendido en el suelo de Nueva York. La misma frase, inmortalizada por Rubén Blades, habrá mencionado Mississippi John Hurt cuando un fanático del blues lo fue a buscar al pueblo de Avalon para ofrecerle la redención.
Historias hollywoodenses sí las hay, aunque extrañamente ignorada por la industria del cine, Mississippi John Hurt encontró en el ocaso de su vida el éxito y reconocimiento que se le negó en su juventud. ¿Cuánto más podría haber ofrecido si la industria discográfica no lo ignoraba en la década del 20?, ¿vale la pena el reconocimiento tardío?, ¿fue más feliz Mississippi en las giras y los recitales masivos que en los algodonales de Avalon?, son preguntas difíciles de responder.
Sólo queda, acaso como un consuelo lejano a los dramas existenciales, la posibilidad de escucharlo, muchos años después de su muerte, en 1966. Y todo gracias a un loco del blues, que lo descubrió al escuchar una antología publicada en los 50, y que activó todas sus capacidades detectivescas en base a un razonamiento primario: una de las canciones grabadas por Mississippi se llamó “Avalon Blues”. El sagaz Tom Hoskins buscó en el mapa y descubrió que en el estado de Mississippi había un pueblo llamado Avalon. Y allí fue a buscarlo.
El primer encuentro, rezan las crónicas, fue curioso, y hasta anecdótico. Cuando por fin lo halló, Hoskins dijo: “Te hemos buscado durante años”. Y John, creyendo que se trataba de la policía (uno de sus hermanos era un contrabandista local), le contestó: “Se han equivocado de hombre, yo no he hecho nada malo”.
Era el año 1963, una época signada por un revisionismo musical que llevó a los fanáticos a hurgar en las entrañas de la música negra estadounidense. Y allí, escondido entre los algodonales, se encontraba el dulce lirismo y la magia del fingerstyle de un hombre que supo construir su propio estilo dentro del countryblues.
Antes de pasar a la historia como Mississippi, John Smith Hurt nació el 2 de julio de 1892 (la fecha y el lugar del natalicio varían de acuerdo al biógrafo) en Teoc, en el estado de Mississippi, y al poco tiempo se mudó a Avalon, donde permanecería buena parte de su vida. Según sus propias palabras, empezó a tocar la guitarra a los nueve años, mientras trabajaba como peón en campos algodonales. Su madre luego le compró una, usada, a un dólar y medio. “Puedo decirte que no salía un hermoso sonido de mi propia guitarra”, diría alguna vez.
John despuntaba el vicio en bares de la zona hasta que un violinista blanco llamado Willie Narmour lo contrató en 1923 para sustituir a su habitual compañero, Shell Smith. Narmour lo recomendó al productor de la discográfica Okeh Records, Tommy Rockwell, quien después de escuchar “Monday Morning Blue” le dio la primera oportunidad. Y le dio el sobrenombre que lo acompañaría por siempre: Mississippi.
John tenía una carrera que prometía: dos de las canciones que había grabado para Rockwell, Frankie y Nobody Dirty Bussiness, funcionaron bastante bien y le permitieron viajar a Nueva York, donde pasaría nuevamente por los estudios para inmortalizar unas 30 canciones, entre ellas “Luis Collins”, “Spike Chofer”, ” Stack O’ Lee” y “Avalon Blues”.
Pero la fecha, 1928, no era la mejor de la historia de Estados Unidos. Poco después llegaría la peor crisis que conoció el país del norte (hasta 2008), que además de arrastrar a industriales y lanzar de los puentes a corredores de bolsa, se llevó los sueños de Mississippi. Las canciones no lograron el éxito esperado y Okeh Records quebró por la crisis. Y John tuvo que colgar su guitarra al hombro y regresar a su Avalon natal, para trabajar la tierra y tocar en los bares de la región. No se supo más de él por varias décadas.
En 1952, Hans Everett Smith publicó para el sello Folkways Records una antología del folk, que incluyó “Frankie” y “Spike Driver Blues”. La colección constaba de canciones publicadas entre 1926 y 1932, y correspondió a la ola revisionista que atravesaba la cultura estadounidense.
Gracias a la antología, en 1963, las interpretaciones de Mississippi llegaron a oídos de Hoskins, un crítico musical y fanático del blues, que junto a Richard Spottswood se decidió a buscar al ignoto guitarrista de voz dulce, para lanzarlo al estrellato.
El hombre, al principio, fue reticente, pues creía que ese tal Hoskins era del FBI y buscaba a su hermano, pero luego se dejó convencer y viajó con él a Washington para grabar un nuevo disco.
En tan solo tres años, hasta su muerte, en 1966, John hizo giras, la rompió en el Newport Folk Festival, grabó tres álbumes y se transformó en una referencia de la música negra estadounidense para nenes como Bob Dylan o Woodie Guthrie, y hasta le hicieron un disco tributo.
En el medio, quedó una vida como peón de campo y un aura de misticismo, porque pocos pudieron explicar que a los 70 años, y luego de vivir en condiciones tan precarias, John haya podido mantener su voz y su exquisita habilidad para tocar la guitarra.
De acuerdo a los especialistas, Mississippi no era el típico bluesman, sino que poseía un estilo bastante particular. No ocultaba una marcada influencia de otros estilos, como el gospel, y poseía un lirismo sin igual. Pero su sello más importante era el estilo de tocar la guitarra.
El fingerstyle es el nombre en inglés que recibe la técnica de Hurt y de tantos otros guitarristas de countryblues. Se utilizan los dedos pulgar, índice y mayor. Mientras el pulgar desarrolla un patrón de bajos alternados o continuos en las cuerdas más graves, en las agudas, con los otros dos dedos, se construye la melodía. Curiosamente, a diferencia de sus coetáneos, John Hurt era más blanco que negro tocando. En sentido estricto, no fue un guitarrista de blues, sino un fingerpicker delicado y preciso, autor e intérprete de ragtimes guitarreros y canciones sencillas muy bien ornamentadas.
Mississippi Hurt integra el selecto club de aquellos músicos de blues que pudieron, tarde o temprano, vencer el anonimato. Es de aquellos que pasaron a la posteridad como los padres del blues, un ritmo bastardo que creció en los algodonales y las prisiones del sur profundo y esclavizado estadounidense. Como Tommy Johnson, Son House, Charley Patton, los hermanos McCoy, Bukka White y tantos otros, Hurt fue de los primeros nombres propios de un ritmo anónimo que cobró fama mundial. [LL]
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SOLAMENTE BLUES, de Lawrence Cohn, es considerado la biblia de los libros de blues. Junto a un grupo de investigadores, Cohn realiza un exhaustivo estudio de ese ritmo musical para bucear en sus inicios, su hermandad con la música africana, la explosión popular, los blancos que tomaron la posta y hasta las mujeres que prestaron su voz. SOLAMENTE BLUES es, además, de los pocos libros de blues que fueron traducidos al castellano, aunque en estos tiempos se hace difícil conseguirlo. En Internet están dando vueltas algunas ediciones, como una que salió en 60 fascículos, cada uno de ellos acompañado por una selección musical en un disco compacto, llamada Sentir el Blues. Allí, perdido entre las páginas del libro, Hurt sella a fuego su nombre, su apellido y el apodo que lo identifica con su historia y su música: Mississippi. |
*La foto la sacamos de acá




























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