— 2012/02/04 8:22 am

“Siempre te creíste la Virginia Woolf”: Nuevos consejos para jóvenes cuentistas [descarga gratis]

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Algunas aclaraciones sobre SIEMPRE TE CREÍSTE LA VIRGINIA WOLF: a) es un conjunto de relatos cuya matriz ese ambiente literario del que nos reímos todos, con o sin razón, b) acá no hay metaliteratura, a menos que se piense que un escritor parodiando su ambiente lo sea y c) el humor es básico ya desde el título.  

¿Cómo no reírse de la aspirante a escritora retratada en “Poseída” el cuento que inaugura este volumen? Una mujer que tras escuchar sobre la diégesis en una clase, descubre lo que cree es el fuego sagrado de la escritura. O el demencial uso del punto seguido -aparte de la historia que se narra- en “Soy” (“Corro. Me topo con una fila. Me topo con una fila. La fila es enorme, al parecer”.

O “El mejor”, un particular encuentro neoyorkino entre dos escritores latinoamericanos “calificados por la crítica como el mejor escritor latinoamericano” para conspirar contra otro autor que les hace sombra (y postulado también como mejor escritor). O el revelador: “Parece que mi agente literario me odia” que se une con el cuento que le sigue: “Yo no tengo editor”. ¿Cómo no interesarse en estas historias?  

Evidentemente la autora, Claudia Apablaza sabe de lo que está hablando. Se le cuelan referencias, episodios, cosas que ocurren en los ambientes autorales. Pero están contados de forma divertida, como si su “hablante narrativo” estuviera con la cuerda.

Y posiblemente ha ficcionalizado muchas cosas que le ocurrieron -o ocurren- de verdad, pero esa es precisamente la gracia del libro. Por otro lado, la herencia de Bolaño -que con el tiempo se está convirtiendo en una crítica a cualquier bajo su influencia- no molesta.  

Al revés: potencia. ¿Acaso no fue el propio escritor quien incomodó a sus colegas -que ahora aseguran haber sido sus amigos- riéndose de sus estupideces? “Consejos para una joven cuentista”, no por nada situado en México es memorable en ese sentido, con Mariana Callejas y un grupo de autores con ganas de trollear a un escritor más famoso que ellos. 

SIEMPRE TE CREISTE LA VIRGINIA WOLF es una parodia de todos los vicios del escritor contemporáneo: envidioso, engrupido, endiosado, fracaso y con menos lectores de lo que en cree. O, dicho de otro modo, es una actualización del viejo subgénero de escritores hablando sobre escribir que muestra el brutal abismo entre cómo creen que se ven los escritores, cómo les gustaría verse y cómo se  ven en realidad [LL]

SIEMPRE TE CREISTE LA VIRGINA WOLF. Cuentos. Por Claudia Apablaza. Calabaza del diablo. Santiago. 2011. 

(+) Acá puedes leer  “Consejos para una joven cuentista” [pdf]


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3 Comments

  • Rodrigo, de hecho lo que suena más en luchalibro, es la teoría, más que la literatura y aún más que la literatura chilena. Date una vuelta para que caches, clickear no cuesta nada. Saludos.

  • C.A. escribe igual que Bret Easton Ellis, y el estilo, el humor, no está tan lejos de parecerlo.

    Apuesto que el próximo libro se llamará “siempre te creíste el Bret Easton Ellis”.

    Perdonando la expresión: es como cuando prefiere hueviarse uno mismo, antes de que lo hueveen (o critiquen) otros…

    Noté que estuvo Diego Zúñiga por acá también. Otro del club y que escribe igual que Bolaño (“siempre te creiste el Roberto Bolaño”, le falta), sin ánimo de trollear, pero que, a diferencia de los relatos de avión o de viaje o de baño, tiene buenas historias y ha estado creando relatos que vale la pena leer.

    En fin. En cierto momento estuvieron en la boca de otras webs y revistas, ahora el bombo está sonando acá…

    Puedes correr pero nunca esconderte, como se dice.

  • Mi amiga Anita Moraga, editora de Pehuén y terrible lectora, me lo prestó en el avión rumbo a México, donde participaríamos en la Feria del Libro de Guadalajara.
    Me cagué de la risa leyéndolo mientras me curaba con vino y whisky, y, al menos para mí, sirvió para aportarme esa gota justa de escepticismo que luego me haría caminar un poco más lento, pensar en chilaquiles y quesadillas, y en los libros que quería adquirir… Mientras lo leía, pensaba pa’ mis adentros: siempre te creiste el Roberto Arlt, jajaja… El libro es terapéutico y sanador de vicios… O al menos, una buena lección de humor, que tal vez vendría siendo lo mismo.

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