— 2012/02/02 7:44 pm

Cosas que pasan cuando lees en el metro

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Por Arolas Uribe

El lugar donde menos se lee es en la biblioteca. En una biblioteca en el sentido tradicional, porque hoy un carro del Metro, un asiento en la micro, el pasto de un parque y las escaleras de un edificio público son las nuevas salas de lectura. La gran diferencia es que en la biblioteca tienes todo el derecho a pedir silencio, en las calles o en el transporte, estás condenado a lidiar con el ruido y con la poca empatía de los no lectores.

Como sea, la calle es un buen lugar para sacar un libro. Por una razón algo clasista, uno tiene confianza de ir con su libro en la mano, a diferencia de ir caminando con diez lucas, que es el equivalente al valor de un libro promedio. En el fondo, sabemos que ningún lanza huye con un libro como trofeo. Y eso es bueno y es triste al mismo tiempo.

Hay libros que a veces me da vergüenza ir leyendo a vista de todo el mundo, como la colección “Para Principiantes” de Longseller. Parezco agrandada y tonta al mismo tiempo, llevando entre las manos algo así como “Gramsci para principantes”. Otros libros me da gusto.

Una vez me subí al Metro en una estación del centro, leyendo algo de Kerouac, y unos gringos que iban en el carro comentaron el libro. Me alegré de que supieran que en el culo del mundo también sabemos de su literatura. También me dio algo de rabia, de orgullo latinoamericanista, por la misma razón.

A veces, mientras leo, noto cómo, quienes van cerca de mí, se introducen en mi libro y comienzan a leer. Yo hago lo mismo con otras personas, sobre todo si van leyendo el diario, reviso de reojo los titulares mientras no cambian la página. Hay gente gruñona, que se siente usurpada cuando nota que le estás robando las letras y se corre o cambia rápidamente la página. Qué egoistas son. Por eso, cuando leo y noto a algún curioso, siempre comparto.

Una vez iba “leyendo” un libro de Quino, era inevitable reirme a carcajadas con él. A mi lado una señora, le ofrecí mirar conmigo y nos fuimos juntas admirando la capacidad de síntesis y de crítica única del ilustrador argentino. Fue un viaje divertido.

Lo más opuesto a leer sociablemente es esa gente que forra sus libros. Es algo que no entiendo para nada. ¿Por qué esconden la cubierta de su libro? Hay gente que lee libros derechamente malos, como el Código Da Vinci -perdón a los fanáticos de Dan Brown, pero ese libro es un bodrio-, o Coelho, y no los tapan, los leen estoicos. Y si no hay algo más vergonzoso que esos autores, ¿qué puede ser tan malo como para ocultarlo? ¿Libros de autoayuda? Un misterio.

En fin, me gusta leer en los trayectos de los viajes, cuando estoy en una sala de espera, a la hora de colación en mi trabajo y a la hora de las noticias, en reemplazo de las noticias. Porque para leer hay que invertir tiempo, una manera de ganar ese tiempo es llenar espacios muertos con un libro. De repente hasta ganas una buena conversación, con una señora de la micro que te pregunta con honesto interés de qué se trata lo que estás leyendo. Igual es bonito.

¿Y ustedes, tienen alguna anécdota memorable al respecto?


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15 Comments

  • Sí, una vez estaba leyendo a Paul Ricoeur en la micro y la señora sentada a mi lado me preguntó qué significaba “Utopía”

    =P

  • camila villate, chocale yo hago lo mismo, hasta en los semáforos, en las plazas, en los bancos, mi lugar favorito es en una reposera acostado en el patio

  • Qué lindo el comentario de Ulises Lima! :)

  • Interesante columna, la verdad es que da pena que en un circulo de amigos de 10 personas promedio , en mi caso, solo dos leemos libros.
    Ojala fuera al revés; ahora bien me parece una buena manera de difundir el sano hábito de la lectura sería el de hacer la campaña ” Yo leo en mi ciudad” o algo así, a fin de que la gente, como le ocurre a la columnista se interese en la lectura de la persona que comparte un espacio urbano, bus, colectivo,parque etc.
    Para cerrar un extracto de a squella de su columna lo que los libros nos recuerdan, dice :
    “leyendo alcanzamos una mejor comprensiónde las dificultades de la vida y de la complejidad de las personas, llegando a conformar a los lectores algo así como una comunidad de personas dubitativas e insurgentes , más preocupadas de escuchar que de discutir, de perdonar que condenar, de disimular culpas que denunciarlas, de conceder gracias que aplicar castigos”

  • Ágil columna. Yo también leo en todas partes, en especial en el transporte público, me evade del trayecto, sus molestias y como todos ustedes transmuto el tiempo del recorrido, que suele ser desagradable, en algo placentero.
    He leído en micros desde las matadero palma que circunvalaban todo Santiago en los ’80, las amarillas, Transantiago, metro y ahora en los atestados recorridos de la Costa.
    Estoy ahora con la obsesión de leer cuentos completos de diversos escritores, volúmenes bastante gruesos y costosos así que es una suerte que los lanzas no roben libros aún. Aunque al igual que la columnista, me da pena, incluso hace años me ronda la idea de un cuento sobre un pelusa que roba libros y dato curioso me topé con de el título una novela sobre el tema “La ladrona de libros”.
    Más peligroso y menos cómodo es leer también en los Smartphone y iPhone, pero si se te acaba el libro que llevas y aún tienes tiempo para matar no está de más llevar unos ebooks o pdf de respaldo.

  • No hay como leer en el cementerio. La única molestia que puede suceder es que un muerto olvidado te obligue a observar su tumba.

  • Yo detestaba el metro por lo mismo, porque no podía leer. Pero a medida que pasó el tiempo, tuve que hacerlo obligadamente.

    Como debía estudiar y no tenía mucho tiempo por el trabajo, tuve que estudiar en todas partes. Con ruido o mucha gente. Eso mejoró mi concentración increíblemente.

    Y fue así como pude dar el salto de llevar la literatura al metro y a la micro.

    Lo único charcha es el calor.

  • Siempre viajo harto en micro, así que aprovecho de leer. Una vez, mientras leía me percaté de que el chico al lado mío intentaba leer mi diario/suplemento de “Santiago Negro”, se lo acerqué toscamente, no aceptó, insistí. Cuando terminó de leer el cuento empezamos a conversar .Estudiamos cerca, así que la vida y sus coincidencias nos siguieron juntando por las calles.

    Actualmente tenemos una amistad y a veces forzamos las coincidencias.

  • Que mejor que rellenar esos “tiempos muertos” con un libro!!!; leo en todas partes, sobre todo en esperas y viajes, por eso sentí pica… nunca me ha pasado algo memorable para contar. Bu!.

  • Hay quienes leen incluso en la ducha…

  • Jajajaja Notable columna, antes me cargaba leer en el metro/micro/bus etc, de hecho me cargaba la gente que lo hace, en la actualidad es una de las cosas que mas hago (¿Karma le dirán?).

    Lo otro a veces existe tiene una rara sensación, al igual que la gente que camina twitteando o viendo muros en facebook con sus smartphones imponiendo tecnología, uno va camiando con sus libros en la mano imponiendo cultura. Bonita, bonita columna

  • Entretenida columna. No sólo Dan Brown es digno de ocultar, hay ciertos románticos que tienen portadas de miedo, y las mujeres, temerosas de las críticas, prefieren cubrirlas.
    Notable lo de los lanzas, caminar por la calle con un libro en la mano sin temor lo considero un privilegio.

  • Eso es lo que odio del transantiago.
    Antes, era mucho más fácil leer en el metro :(

  • Siempre trato de leer en todas partes, sobre todo en esos tiempos de espera (de la novia, del doctor, viaje en micro, fila de banco, etc.) que creo que atentan contra la vida productiva.

    Antes lo hacía con libros, pero como ahora tengo un morral un poco más grande, leo cómics, revistas o suplementos de diario. Como que llama la atención que eun tipo viejo como yo lea cómics, pero a mí me da risa y leo con más placer aún.

    Muy buena columna. Saludos.

  • Yo también leo en todos lados y debo decir que mi placer más absoluto es llevar siempre un libro a la mano. Algunos no pueden vivir sin celular, yo no puedo hacerlo sin un libro. Siempre busco momentos para leer, hasta caminando hacia mi pega, aprovechando los largos semáforos que hay.

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