— 2011/09/13 1:44 pm

Llega “LOS SIMPSONS Y LA FILOSOFÍA”: 20 ensayos que van desde el marxismo en Springfield al amor al prójimo de Ned Flanders

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“¿No tenemos otra cosa que hacer aparte de escribir sobre programas de televisión? La respuesta corta es sí, tenemos otras cosas que hacer, pero nos hemos divertido escribiendo los ensayos que siguen”.

A pesar de los signos de desgaste -y el revuelo/¿decepción? de la película- Los Simpsons siguen dando material para el “pensamiento”. Pero a diferencia de la Disney y clásicos como el estudio marxista “Para leer al Pato Donald“, casi no hay enfoques críticos a la serie.

Precisamente porque sus argumentos, parodias y referencias apuntan contra todos (Republicanos/Conservadores, la Fox, el capitalismo, Brasil, la realeza británica, Bono y así).

Y también porque su equipo de guionistas es tan “autoconsciente”, que incluso se cuidan de reaccionar ante series explícitamente deudoras y que doblan la apuesta en agresividad como Family Guy. Saben que la serie ya a la quinta temporada convirtió lo “irreverente-incorrecto para la televisión” en “diversión familiar estándar”.

Por supuesto esto no impide ejercicios como “La ciencia de Los Simpsons” o el excelente ensayo teológico “El evangelio según Los Simpsons” (acá el pdf con la introducción). O éste: Los Simpsons y la Filosofía. Una colección de veinte estudios culturales a cargo de la misma cantidad de filósofos que argumentan cosas como:

  • Lisa y el antiintelectualismo estadounidense
  • El marxismo en Springfield
  • Los Simpsons y la política del sexo.
  • La importancia de Maggie: el sonido del silencio.
  • La motivación moral de Marge
  • Bart y Nietzsche
  • Ned Flanders y el amor al prójimo

“Pero, hablando en serio, ¿no tenemos otra cosa que hacer aparte de escribir sobre programas de televisión? La respuesta corta es sí, tenemos otras cosas que hacer, pero nos hemos divertido escribiendo los ensayos que siguen…” explican los compiladores.

De hecho, el volumen nace a partir de una colección de ensayos sobre Seinfield armado por William Irwin. A él y sus colegas filósofos “no sólo les gustaba el programa, sino que a propósito solían enfrascarse en estimulantes discusiones donde no faltaba el humor. Así pues, ¿por qué no compartir la diversión en forma de libro?”.

Los Simpsons y la filosofía se divide cuatro partes. La primera se dedica a analizar a cada uno de los personajes principales. Luego nos metemos en los “temas simpsonianos” como la parodia y la “hiperironía”. Posteriormente se abordan temas convenientes a la “ética” desde el rol de la familia hasta la hipocresía en Springield. Y finalmente la relación entre filósofos como Barthes con la serie.

El apéndice es interesante especialmente en la sección “Este libro se inspira en ideas de…”  donde podemos ver una panorámica de los filósofos que van dando justificación a los temas. Pero también podemos encontrar a Camus, Heidegger, Popper o Marx. De hecho, James M. Wallace, uno de los ensayistas, dice que la serie es capitalista y críticos marxistas del capitalismo a la vez.

La edición en español se lee rápido,  los ensayistas -Raja Halwani, David Vessey, Deborah Knight- son divertidos y aportan una vuelta de tuerca a los clásicos de la filosofía como Epicteto cuando decía: “Los hombres no tienen miedo de las cosas, sino de cómo las ven”. A pesar que los autores subrayen -innecesariamente creemos- que este libro no muerde. Buscando referencias en internet (el original fue publicado el 2008 y ya está en pdf en inglés en varios foros) nos quedamos con Salonkritik.

“Ahora sólo cabe esperar que algún día Matt Groening decida acabar con la serie y sus enormes personajes. Entonces, libro en mano, los amantes simpsonianos unirán sus corazones, como ya se hiciera por el mítico Holmes, y lucharán por resucitar a estos virus de colores del pensamiento occidental contemporáneo. Y es que la filosofía no puede ser considerada una cosa del pasado, cuando todo el mundo elogia una serie como los Simpsons”. [LL]



Un marxista (Karl, no Groucho) en Springfield Por James Wallace (Extracto)*“El humor -advertía E.B. White- al igual que una rana, puede diseccionarse, pero muere en la operación, y lo que de ello queda puede resultar desalentador para la mente científicamente pura”. Una disección marxista, llevada a cabo por un socialista científico riguroso, casi sin duda matará el humor en cualquier chiste al tiempo que pone al descubierto la fealdad de las entrañas de la ideología en el cuerpo de la comedia burguesa. “Los rojos son gente tan seria, tan sombría”, subraya Tommy Crickshaw (Bill Murray) en Abajo el telón. Y probablemente lleve razón. No es que los marxistas no puedan disfrutar de un buen chiste. El propio Marxs intentó escribir textos cómicos, y entre sus intentos destaca una novela en el estilo de Tristram Shandy. Pero el humor plantea un desafío a cualquiera que se preocupe por la justicia y la igualdad: al fin y al cabo, ¿qué puede haber de gracioso en un país en donde el cinco por ciento de los habitantes controla el noventa y cinco por ciento de la riqueza?Saber que cada semana en Estados Unidos veinte obreros son asesinados y dieciocho mil son víctimas de ataques en sus puestos y reírse de todos modos cuando Apu, dueño de la tienda de ultramarinos, cuyo pecho está cubierto de cicatrices de bala, le dice a Homero: “No le quiero engañar: en este trabajo se reciben balazos” (“El pony de Lisa”) es traicionar los principios marxistas. Tal vez el rabino Krustofsky de Los Simpsons esté en lo cierto: “La vida no es divertida. Es una cosa seria”.

Pero Los Simpsons es una serie divertida, y su comicidad va en tantas direcciones distintas (el fenómeno llamado “algo para todos”) que tal vez sea imposible mirarla y no reírse a despecho de las propias opciones políticas o económicas. Y, dado que a menudo se vende como “subversiva”, podríamos esperar que resultase especialmente sugerente a quienes se muestran críticos hacia la ideología dominante y se interesan por la manera en que el arte pueda usarse para sacudir los cimientos del poder social. Sin dejar de reconocer que el humor puede ser muy subjetivo y que analizar la comicidad podría aguarla un poco, veamos cómo Los Simpsons logra esa subversión mediante el humor por el que es tan conocida.

Risas reflexivas

La serie podría tomarse como modelo en un seminario sobre la comicidad para ilustrar uno de los rasgos fundamentales de la misma: la incongruencia. Solemos reírnos con más ganas ante la conjunción de elementos habitualmente incompatibles, la superposición de ideas, imágenes, sentimientos y creencias que mantenemos separados en la mente, el desmontaje de lo normal o la convención, la frustración de las expectativas o, en palabras de Kant en la Crítica de la facultad de juzgar , “una expectativa frustrada que de improviso se reduce a nada”:

Homero: Oh, Dios mío, ¡extraterrestritos, no me coman! Tengo esposa e hijos, cómanselos a ellos (“La casa-árbol del terror VII”).

Homero: Oh, ¡oficiales!, me dejé seducir por la diversión de buscar chivos expiatorios de la proposición 24 [para deportar inmigrantes sin papeles en Springield], y no me detuve a pensar que podría afectarla a algún vecino y conocido mío. ¿Pero sabes qué, Apu? Voy a echarte mucho, mucho de menos (“Mucho Apu y pocas nueces”).

En ambos ejemplos, la comicidad se deriva de la diferencia entre lo que esperaríamos que una persona dijese en una situación similar y lo que de hecho se dice. Naturalmente, nuestras expectativas dependen de la familiaridad con las convenciones que rigen el comportamiento de padres y amigos. Lo normal sería que un padre que se sirva de su familia para salvar la vida (o al menos eso supondríamos) clamase que los suyos dependen de él, no que deban morir en su lugar. Cuando la situación se invierte y es la familia la que corre peligro, según dictan las convenciones de comportamiento de los nobles y valientes, un padre más bien diría: “Llévenme a mí en su lugar”. Las egoístas pero hilarantes palabras de Homero, en cambio invocan y al mismo tiempo contradicen el clásico altruismo paterno en una asociación mental instantánea. Desde luego, la comicidad depende de la “irrealidad del arte”: un padre que literalmente sacrificase a sus hijos en nombre de la propia sobreviviencia difícilmente provocaría risas.

Claro, también podría argüirse que un padre que traicione a su prole no puede mover a risa, sea cual sea el contexto, pero en el campo del arte que depende de la incongruencia y el “choque” humorístico, nuestras suposiciones y las convenciones que damos por sentadas acaban situándose en un primer plano y gracias a ellos, si nos detenemos a pensar por qué nos hemos reído, puede que por primera vez seamos conscientes de esas suposiciones y convenciones.

Sólo hay subversión donde hay reconocimento, y la comicidad de Los Simpsons, como toda comocidad basada en la incongruencia nos exige que al menos tengamos presente la manera en que normalmente miramos el mundo (…).

Una sátira subversiva como Los Simpsons debería aspirar -y tal parece ser el caso- a poner al descubierto la hipocresía, el fingimiento, la comercialización excesiva, la violencia gratuita y otros tantos rasgos que caracterizan a la sociedad contemporánea, y sugerir que, más allá, podría haber algo mejor. Desde una óptica marxista, podría entonces argumentarse que la comicidad satírica de Los Simpsons nos distancia momentáneamente de la ideología predominante en la América capitalista. El término “ideología” según lo define Michael Ryan, “describe las creencias, actitudes y hábitos emocionales que una sociedad inculca para generar la reproducción automática de sus premisas estructurales. La ideología es aquello que permite conservar el poder social en ausencia de la coerción directa”. 

En otras palabras, el altruismo y la lealtad que esperamos de los padres, así como la humildad y la contricción que esperamos que sigan el daño que reconocemos haber hecho a los amigos, forman parte de la ideología. Y también forman parte de ella las actitudes que conducen al estereotipo o la búsqueda de chivos expiatorios, así como los valores que sustentan nuestras relaciones sociales y condiciones económicas actuales.

La verdadera sátira subversiva, en especial aquella que, como Los Simpsons, contiene tantas incongruencias y ejemplos incorrectos, nos exhorta a distanciarnos momentáneamente de la ideología, bien sea al objetivar los elementos que la conforman (la lealtad, la humildad, el arrepentimiento) o al hacernos reír de modo “reflexivo” ante las creencias, actitudes y hábitos emocionales que caracterizan a la sociedad contemporánea.

 

 

LOS SIMPSONS Y LA FILOSOFÍA. William Irwin, Mark T. Conard y Aeon J. Skoble (compiladores). Original: The Simpsons and Philosophy. Traducción de Diana Hernández. Editorial Blackie Books. Barcelona. España. 2010 (segunda edicion).

 

Encuéntralo Prosa & Política

Precio original: $31.400

Socios LuchaLibro: $26.690


 

*De izquierda a derecha y de arriba hacia abajo: Sócrates, Ludwing Wittgenstein, Michel Foucault, Jean-Paul Sartre, Roland Barthes, Friedich Nietzsche e Immanuel Kant

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