Hay un momento en que uno no sabe si Greil Marcus está riéndose del lector o es otro maldito cínico americano. Porque decir que “Anarchy in the Uk” (en el celebrado Lipstick Traces) y -ahora- “Like a Rolling Stone” son piezas cumbre del arte de todos los tiempos y que concentran en un puñado de acordes la historia del siglo XX (y el pasado y futuro de la humanidad) es demasiado. Especialmente cuando el ya septuagenario Bob Dylan tiene canciones mucho más misteriosas e interesantes de decodificar (“Visions of Johanna” y “Desolation row”, por nombrar dos de la época).
Like a Rolling Stone. Bob Dylan en la encrucijada se lee más bien como un ejercicio crítico en torno a una canción. Comienza con la letra completa de la canción. Luego, un prólogo que, entre otras cosas, contextualiza la foto de la portada: “El 15 de junio de 1965, en el estudio A de Columbia Records, el cantante está intentando meterse en la canción tecleando las notas en el piano. Hay una sensación de alegría que queda rota tan pronto como empieza a cantar. Su voz suena como si acabara de salir de la lavandería y hubiese encogido tres tallas (…)”.
Ese epílogo también incluye una impresionante cita del compositor Michael Pisaro: “su voz te dice eso (te lo dice todo): él no está realmente hablándole a ella, sino que te está hablando a tí (y a mí, a todos nosotros). La voz tiene infinitos matices: a veces es monótonamente autoritaria (…), a veces compasiva, trágica (…), pero es también airada, vengativa, jubilosa, irónica, cansada, espectral, declamatoria. Y sonaría exactamente así en griego clásico o ruso moderno. En esa voz hay mucho deseo y mucho poder traducidos a una sensibilidad que permite detectar la más mínima vibración que emana de la tierra (…)”.
Ya podemos imaginar el afiebrado tono de exégesis
Marcus es preciso en retratarnos el Estados Unidos post-Kennedy, la invasión pop británica, los movimientos sociales y todo eso que impulsó a Dylan como “voz generacional”. También nos habla de los hits de la época (“A change is gonna come” de Sam Cooke, que para el autor, en un afán de calzar todo con su adorado objeto de estudio, es una especie de hijo del “Blowin`in the wind”).
Pero no sólo es capaz de dilatar y contraer la génesis de la canción. También nos presenta las apariciones periodísticas de Dylan como manifiestos proféticos. Como cuando, después de aclarar que su apellido se pronuncia “Dai-lan” también aclara a un periodista canadiense en 1966 que “Like a Rolling stone” es su canción “más decisiva”: “La compuse después de haber arrojado la toalla, de verdad, había dejado de cantar y tocar. Un día me encontré escribiendo una canción, una historia, una gran vomitona de veinte páginas y de ella (…) hice un single”.
¿Alguien podía dudar que el ensayista encontrará toda clase de claves en las primeras cuatro palabras del single? Para Marcus el “Once upon the time” “introduce al oyente en un cuento de hadas, lo aleja de la radio que está escuchando en el coche o del tocadiscos que suena en su casa”. E inmediatamente, quizá asombrado de su propio exceso de análisis lo lleva a un nivel aun mayor de verborrea: “Pero la entrada en un mundo de hadas, de dragones y hechiceros, de doncellas y caballeros, de príncipes que recorren el reino vestidos de campesino y muchachas expulsadas de sus hogares y disfrazadas de muchacho, no significaría nada si el cantante tuviera los pies en la tierra”.
Posiblemente lo más interesante del libro es cuando nos enteramos de la grabación de la canción, cómo se consiguió ese sonido en particular y qué comentarios provocó. Pero nada supera el epílogo, precisamente la única parte donde el “escribidor” abandona el ropaje de la exageración (si se me permite el metaforón). Ahí comprobamos que costó mucho sacarla adelante, porque ni el mismo Dylan sabía que quería lograr. No fue -como indica el mito- dos tomas inspiradas. Fueron quince, incluyendo interrupciones, guitarras que sonaban mal, arrepentimientos, ataques de órgano y ese Dylan que -posiblemente- sólo quería atacar a todas las personas idiotas que se topó en su camino, cambiando la misericordia cristiana de “Positively 4th street” por la venganza judía de comprobar que estaban arruinados y ya no se reían tan fuerte. Quizá como él mismo se veía en el futuro. Esa teoría estaba mejor, Marcus. LL
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LIKE A ROLLING STONE. BOB DYLAN EN LA ENCRUCIJADA. (Original: Like a Rolling Stone: Bob Dylan at the crossroadas, 2005). Por Greil Marcus. Traducción: Mario Santana. Global Rhythm Press. Colección Bioritmos. Barcelona, 2010. 207 páginas. |



























wow, tremendo reportaje.