Ella, mi chiquilla en cuestión, me preguntaba cada tanto de qué se trataba el libro que estaba leyendo y yo con mi supuesto espíritu liberal por delante y por sobre todo la ganas de llevar a cabo en algún momento estas nuevas experiencias, le contaba y leía textual sólo las escenas eróticas del libro, escenas impensadas tanto como para ella, como para mí.
Angelo Pierattini
1993. Llego del colegio a la casa, mis papás no están y aprovecho pa fantasear un rato con un VHS triple X que tiene mi viejo bien guardado en el clóset, me hecho en la mano crema humectante que tiene mi vieja en el baño, comienzo con el “frote” y alucino que me estoy tirando a la mina que sale en la película, termino y retrocedo la cinta hasta la escena donde la había dejado mi viejo pa que no se de cuenta que se la saqué.
Guardo la videocasete en el clóset; en esa época rezaba (le pedía a Dios) pa conocer algún día a una mina tan caliente como la de la película y casarme con ella pa tener un coito eterno. Y pensaba pa mí mismo “Ahí sí que le digo… hasta que la muerte nos separe o nos – se – pare. El problema pa mi era que como yo no tenía experiencia alguna en esto del sexo no sabía ni por dónde había que meterlo, sabía que había más de una cavidad ¿pero y si en ese momento que esperaba por años me equivocaba y penetraba a mi musa porno por otro lado?
Tan güeón era que ni siquiera se me pasó por la cabeza que por el “otro” lado era igual o aún más rico “introducirlo” como decía un amigo en esa época.
Amigos, permítanme un paréntesis: (mientras escribo recuerdo que antes que apareciera ese molesto líquido que nos acompaña hasta el día de hoy, no había güeá más rica que eyacular sin eyacular, o sea el puro orgasmo, pero sin rastro alguno, o sea sin la evidencia o la huella culposa, esa que con el paso de las horas huele a terminal pesquero).
El libro lo escogí al azar, fui a la biblioteca que ella tiene en su casa antes de partir a la playa y lo saqué porque el nombre de la autora era raro, el nombre del libro sugerente, se llamaba “Delta de Venus”
Olor que a los 18 años, cuando salí por primera vez con mi pololita a la playa unos días de vacaciones, me sacudió por completo: Fuimos al Tabo y no hallé nada mejor que llevar un libro de cuentos de Anaís Nin para acompañar las tardes de sol mientras mi chiquilla se tostaba vuelta y vuelta, a mi no me gusta ponerme al Sol pero no me molesta tanto estar acompañándola mientras yo trataba de hacer lo mío, por poco que fuese.
El libro lo escogí al azar, fui a la biblioteca que ella tiene en su casa antes de partir a la playa y lo saqué porque el nombre de la autora era raro, el nombre del libro sugerente, se llamaba “Delta de Venus” y porque era de cuentos, por lo tanto dije “fácil y entretenido de leer, perfecto pa las vacaciones. La raja” . Nunca relacioné a la autora con “Henry and June”, película que había visto hace un tiempo atrás y que había arrendado en el video club de la esquina de mi casa.

En ese momento no podía imaginar que varios días después, cuando ya estábamos instalados en una cabañita en la playa y bajábamos a disfrutar del mar, estos cuentos me llevarían a situaciones mentales tan elevadas, exquisitas y excitantes; no sabía con la chichita que me estaba curando, tanto así que cuando bajamos a la playa y nos instalamos en la arena no me podía parar pa ir a mojarme la patas o a comprar un helado ya que sin calzoncillo y sólo con el traje de baño puesto se notaba mucho que algo llevaba entre las piernas.
Ella, mi chiquilla en cuestión, me preguntaba cada tanto de que se trataba el libro que estaba leyendo y yo con mi supuesto espíritu liberal por delante y por sobre todo la ganas de llevar a cabo en algún momento estas nuevas experiencias le contaba y leía textual sólo las escenas eróticas del libro, escenas impensadas tanto como para ella, como para mí, escenas donde Anaís Nin describe cada detalle como si en ese mismo instante estuvieran sucediendo, con una sencillez única y una delicadeza que te lleva directo al momento de estar tirando. Nosotros dos nos veníamos recién conociendo, andábamos hace un par de meses juntos y ella es dos años mayor que yo, así que pa mí era como estar con alguien con experiencia, así que con mayor razón trataba de igualarme con estos paisajes literarios.
No sé muy bien si fue, dos o tres días después de llegados al balneario que yo le propuse que experimentáramos con alguna escena elegida al azar del libro.
No sé muy bien si fue, dos o tres días después de llegados al balneario que yo le propuse que experimentáramos con alguna escena elegida al azar del libro. Muy caliente y honesto de mi parte en todo caso. Bueno, el asunto es que enganchó con la idea y nos servimos unas piscolitas para preparar el camino.
Conversamos un buen rato de lo bien que estábamos, que lo pasábamos bien juntos, cuáles eran nuestros planes individuales a futuro aunque, quizás, nunca llegamos a concretarlos y está claro que nunca fue; de anécdotas chistosas del colegio y güeás como esas pa dilatar la entrada al asunto en cuestión.
Siempre que conversábamos, la miraba detenidamente, me gustaba el sonido de su voz, cómo se movían sus labios, el brillo de esa baba que se mueve lentamente entre los labios, los dientes y la lengua y que lubrica y transfigura las palabras antes que salgan de la boca; algo me pasa, hasta el día de hoy, con todos los fluidos femeninos: me encantaría que las vaginas se transformaran en una gran piscina pa poder nadar en el interior de ellas y frotar todo mi cuerpo con el jugo que sale de ahí, colgarme del clítoris y balancearme hasta escuchar a lo lejos un gemido que se desplace por el aire, lento, decidido y penetre medio a medio mi Uretra , y que viaje por ella como una descarga eléctrica hasta el centro de la espina dorsal.
No daba más, así que abrí el libro y elegimos al azar una página. Caímos justo en un momento álgido del relato. Esto nunca en mi vida se me va a olvidar. Antes que todo pactamos que lo que saliera lo replicaríamos… y así fue. LL
“Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré de mi mundo. Me adapto a mí misma”.
Anais nin.
Angelo Pierattini es cantante, guitarrista y compositor. El año pasado publicó el disco “Vampiros”. En sus letras, le sigue dando vuelta a los pecados veniales y adolescentes que narra en su debut como columnista en nuestro sitio.



























Revise la ortografía.
un relato muy personal en acuerdo con aquella escritora que se comparte buscando un alivio libidinoso.
me gustó mucho, sobre todo aquello de los fluidos.
me encanto la columna, te felicito angelo. la clásica rebobinada del vhs. excelente!
oye esa muy bueno !
buen relato. coincido con esos acercamientos al porno en los tiempos del vhs. uno siempre le pillaba los videos al papá.
eso sí, en mi caso recuerdo a las mujeres de mi adolescencia como una fila eterna de minas cínicas que sólo llegaban hasta el calentamiento de sopa. todas presentaban el síndrome del príncipe azul y se hacían de rogar durante horas. horrible. la adolescencia, sólo si se fue lo suficientemente lanzado, tiene algunos momentos extraordinarios, porque también hay que recordar las interminables sesiones escuchando excusas huevonas para no llegar al sexo. las cabras de 18 calientan cuando ya andas con una maleta en la mano y mil deudas encima, pero cuando se tiene esa edad también fueron semanas y meses desperdiciados en rodeos y pendejerías que nunca llegaron a nada. en ese sentido, la madurez tiene ventajas que uno tiende a ignorar por un asunto de nostalgia e idealización.
creo que tu jugada maestra fue haber estado con una mujer 2 años mayor. es un gran consejo para pasarle a las generaciones que vienen. deberían tallarlo en bronce y dejarlo a la vista en una plaza pública.
que buena experiencia.y buen relato
la juventud nunca muere, siempre en nuestros recuerdos, en nuestras manos, bajo nuestra ropa interior.
buen comienzo, espero no “acabes” pronto con este nuevo proyecto!
saludos.
buena columna, se disfrutò ese aire veraniego y pueril del relato.anais nin, una verdadera musa.
buen debut!