PREGUNTAS QUE HACEN HISTORIA
40 años entrevistando
Antología de entrevistas políticas
Por Raquel Correa
Chile
415 páginas
$15.946
El libro comienza en la revista Vea de septiembre de 1970 con un ya complicado Salvador Allende (“Una transformación revolucionaria no implica violación del Derecho ni de la juridicidad. Los chilenos seremos capaces de demostrarlo”) y termina en marzo de 2010 con Sebastián Piñera, ya electo presidente (“Definitivamente el sueldo de Presidente no me alcanza para cubrir mis gastos ya comprometidos, entre ellos pagar la deuda que significó la campaña presidencial”)
Y uno no sólo se sorprende por la cantidad de idioteces que dicen los políticos. Sino también se pregunta si el reconocimiento de Raquel Correa viene de su talento periodístico o es más bien la suma de años de trabajo, profesionalismo y -sobretodo- el poder que otorga acreditarse por un medio como El Mercurio, Cosas o Canal 13.
Porque, no seamos tontos, un político no respetará a un periodista más joven o “menos conocido” por muy bien preparado que tenga su cuestionario. Pero si viene del medios corporativos y existe la idea generalizada que es “buen periodista”, el profesional de la información -es decir Correa- tiene la mitad del trabajo hecho.
Que se entienda bien: no dudamos de Raquel Correa. De hecho, crecimos con ella y sus “entrevistas golpeadoras”. Crecimos escuchando que era un ejemplo de “buena entrevistadora”. Al punto que fue capaz de “acorrarlar” a su propio jefe Agustín Edwards insistiendo sobre el silencio de El Mercurio durante los años más duros de la Dictadura (“Uno se pregunta si pudimos haber hecho más y, seguramente, todos los chilenos pensamos, ahora, en la tranquilidad de los tiempos actuales, que podríamos haber reaccionado de una manera más vigorosa”, 2000). O prohibirle a Álvaro Corbalán que use su grabadora para registrar la conversación y hacer sonreir a un Pinochet que aun creía a principios de los noventa que el marxismo es una amenaza.
Por lo tanto Pregunta que hacen historia es nuestra versión de Entrevistas con la historia de Oriana Fallaci. Un material de referencia -con nuevas notas introductorias- protagonizado, además de las figuras citadas por Carlos Prats, Eduardo Frei Montalva, Jaime Guzmán, Volodia Teitelboim,José Toribio Merino, Raul Rettig, Gladys Matí, Manuel Contreras, Michelle Bachelet, entre muchos otros. Una antología que, si se lee con atención, arroja algunos pedazos de verdad (y el natural intento del entrevistado de quedar como “héroe”) y un testimonio -entre líneas- de como Chile pasó de República a una empresa administrada por el miedo.LL
RAQUEL CORREA: EL SECRETO DEL BUEN PERIODISMO (EXTRACTO)
Por Carlos Peña
foto vía Tribunadelbiobio
Estoy frente a un fabricante de armas, no un artista de cine. Por eso le pregunto por armas.
No es difícil imaginar el tono de elegante displicencia -la voz algo ronca, el mentón levemente altivo, la semisonrisa- con que Raquel Correa debió pronunciar esas palabras. Tampoco la cara de Carlos Cardoen al oirlas.
En su conjunto, la escena muestra el equívoco sobre el que reposa una buena entrevista: un entrevistado que cree que se le tratará como una estrella (si no, claro, no habría concedido la entrevista). Y una entrevistadora que dejó que se lo creyera (pero que luego, con sus preguntas, le mostró que se trataba de un error).
En ese juego de malentendidos consiste el buen periodismo. Y ahí, Raquel Correa no tiene iguales.
Ella es capaz de retratar a un entrevistado con una breve frase o asomarse a su intimidad apenas con un detalle. “Sueña mucho, jamás sueños hermosos”, dice, por ejemplo, de Jaime Guzmán. “Cantante pop… con una manzana de Adán descomunal”, describió a Büchi. “Conocieron el odio que los alcanzó por la espalda”, escribe, al pressentar a Leighton y su mujer. “Dejó de estar en el gobierno, pero la verdad-verdad nunca dejó de estar con el gobierno militar”, observa de Jovino Novoa. “Tiene los ojos incoloros y el cutis de una criatura… parece una visión” anontó al introducir a Volodia Teitelboim. “Se despide con una risa ausente”, dice del Almirante Merino. “Delgado, no llena la guerrera”, dijo del general Ricardo Izurieta.
Es difícil describir mejor a esos personajes con tal economía de estilo. Y con frases a las que el tiempo daría un significado especial.
Todos añoraron ser entrevistados por ella; pero lo más probable es que luego, al leer la entrevista, quedaran levemente arrepentidos. Y es que en cada una de sus entrevistas, incluso en las aparentemente más políticas, lo que acaba asomando es la persona detrás del cargo: la superficialidad del almirante Merino (sin el aura del poder sus comentarios suenan simplemente tontos); el aspecto rubicundo de Contreras (la maldad disfrazada de hombre común y corriente); la inofensiva egolatría de Valdés (siempre certificando las virtudes ajenas y añorando una presidencia que nunca llegó); la calculada ira de Ricardo Lagos (un dedo ensayado una y mil veces). Y así
Y es que ya se sabe, a la hora de la verdad nada, ni nadie, es demasiado glamoroso (…)









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2 mess atrás
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