LA INVENCIÓN (ILUSTRADA) DE UN CHILE SECRETO

April 29th, 2010 @ LuchaLibro

1


MITO DEL REYNO DE CHILE

Invención ilustrada de un Chile secreto (1533-1910)

Ilustración/Historia/Mitos y Leyendas Fundacionales

Por Marcelo Escobar, Marcela Paz Araneda y Marcelo Baeza

Lom Ediciones, 2009

Chile

112 páginas

Para entender el Bicentenario, también es necesario remitirse a las historias legendarias y personajes secundarios de nuestro país. Esta “investigación gráfica”, encabezada por el ilustrador Marcelo Escobar y publicada por Lom, recopila veintidós episodios que permanecen en la mitología colectiva nacional, pero a la que los libros de historia dedican pocas líneas.

Por J.C. Ramírez Figueroa*/ luchalibro@gmail.com

Al ilustrador Marcelo Escobar (39) siempre le obsesionaron los sucesos extraños y personajes secundarios de nuestra historia nacional. Un “Chile secreto” que fue recopilando y documentando gracias a los libros heredados de su padre o las célebres obras de Oreste Plath, aunque en los textos oficiales de estudio “siempre se mencionaban a la pasada, en un par de líneas nada más”, dice. Junto a la periodista Marcela Araneda (40) y el artista gráfico Marcelo Baeza (37) se embarcaron en “Mito del Reyno de Chile” (Lom Ediciones). Una investigación que parte en 1533 con el “El Desorejado”, un mutilado soldado sevillano que escapa de Machu Picchu a Quillota, aterrando a la caravana de Diego de Almagro, y termina en el año 1907 con el fusilamiento de Emilie Dubois, enigmático personaje que un año antes, en pleno terremoto de Valparaíso, había escapado de la cárcel (ver recuadro). “Eran buenas historias para ser ilustradas. El objetivo de esos dibujos fue también recuperar la tradición gráfica chilena como La Lira Popular”, explica Escobar. De ahí la referencia en la portada del libro a estas clásicas publicaciones de poesía popular y dibujos de fines del siglo XIX. “Muchos me han dicho que es Arturo Prat el de la tapa, pero no. Es un chileno común y corriente de la época, sosteniendo la bandera”, dice el dibujante.


Mitos que hablan por nosotros. El equipo de Mito del Reyno de Chile se movió en dos criterios: que las historias fueran lo suficientemente “desconocidas”, al menos en el discurso oficial de la Historia de Chile, y que abarcaran cronológicamente desde el Descubrimiento hasta el Centenario, sin dar demasiados saltos cronológicos. Evidentemente hay una delgada línea que separa lo real y lo legendario, sobre todo en las más antiguas, pero como ellos reconocen, es la permanencia de la historia en el inconsciente colectivo y los datos verificables los que validan el material. Después de todo, estos sucesos hablan bastante del pueblo que los ha mitificado. Se trata de 22 narraciones donde conviven personajes como “La Monja Alférez” o “El soldado Morales”, con “La Recta Provincia”, una secta de brujos chilotes, y un electrizante duelo de payas en San Vicente de Tagua Tagua. El resultado es este libro de tapa dura que llama a la aventura, sobre todo a los niños que han enganchado bastante, según sus autores, y a los adultos, a redescubrir el lado “B” de nuestra terremoteada historia nacional. Narraciones cruzadas por el misterio y lo monstruoso, lo heroico y lo demente. “Acá están nuestras raíces. Dubois es una animita a la que aún le rezan en el puerto. Tal como en el primer centenario, Chile comenzó a mirarse hacia adentro, ahora se repite aquello. Y nuestra idea es comenzar este mismo año a recopilar las historias que parten desde 1910. Ya tenemos varias trabajadas”, dice entusiasmado Escobar.


La “Recta Provincia”: una conspiración chilota.

Una fila de jóvenes y ancianos de siniestra expresión desfilan por Ancud escoltados por militares y policías. Es 1880 y estamos en una auténtica “cacería de brujos”. Se dice que en la época de la conquista un español de apellido Moraleda intentó embrujar a un grupo de chilotes para esclavizarlos. Una bruja llamada Chilpila se batió con él en un duelo de hechicería, logrando vencerlo. Antes de embarcarse, el hispano le dejó un libro mágico. Se supone que la mezcla de ambos “poderes” fascinaría a los chilotes que comenzarían a integrarse a “La recta provincia”, una especie de escuela mágica que influiría en el destino del país y terminaría degenerándose, sembrando el terror en los chilotes. Los crímenes y “abusos de poder mágico” llegaron hasta las autoridades, que gracias a la burocracia de leyes, procesos y juicios fueron desarticulando la sociedad secreta más famosa de la historia chilena.


Emile Dubois: el gánster del Centenario

El terremoto de 7.6 en Valparaíso (1906) hizo que se cayeran los muros de la cárcel. Y un extraño hombre caminaba feliz entre las réplicas. Era Emile Dubois, un encarcelado que había declarado ser “ciudadano francés, ingeniero en minas” y arribado al puerto desde un buque de carga colombiano. Sin embargo, siempre iban cambiando las versiones. También se decía que había combatido en la selva tropical, liderado una huelga bananera en Ecuador y entrenado un equipo de fútbol en Argentina. Este “Zelig” nacional, tal como el personaje de Woody Allen, se adaptaba a su entorno para que lo quisieran. Seducía mujeres, se infiltraba en la elite y pedía dinero prestado a los nuevos amigos. Pero Dubois es un criminal: en Santiago mata y roba a tres banqueros. Su captura fue portada de El Mercurio de Valparaíso. “Era un auténtico actor dotado de un genio singular, un asesino que paseó su estampa por las calles de Valparaíso, vestido de sombrero, capa y bastón, y que además poseía un pasado revolucionario”, retrata el libro. Es fusilado un año después, negándose a ser vendado. Su tumba en Playa Ancha sólo reza su apellido. Se convertiría en un sitio de veneración para ladrones, prostitutas y “choros” del puerto. Una leyenda.


Los amantes de Talca

El alemán Juan Mauricio Rugendas llamó la atención de todo Valparaíso cuando llegó repleto de pinceles, telas y equipaje. El famoso explorador Alexander von Humboldt le había recomendado en París conocer este país extraño y perdido en el mapa. Su buena facha y referencias culturales lo hacen entrar a las fiestas y contactos de la elite porteña. Carmen Arriagada de Gutike le habla de libros y arte. Él engancha. Oficialmente era una sana amistad. “(Ella) era una mujer inusual para su época, una adelantada, libre de las convenciones de su país y de su sexo. Pese a estar casada con un retirado soldado alemán, adusto y conservador, no aceptaba los preceptos que dominaban a sus congéneres. Era progresista y culta, volteriana, gran lectora, librepensadora. En suma una mujer extravagante para 1838, que encontró en el pintor una veta donde saciar sus ansias de conocimiento y apertura”, explica Mito del Reyno de Chile. Carmen le escribe afiebradas cartas a Rugendas, donde deja claro que hace rato la relación no es platónica. Él quiere irse con ella a Europa, debido a su fracaso creativo en nuestro país. Ella no se decide. Finalmente, el pintor se va a Perú. Ella reconoce que esto no puede seguir, a pesar de que enviudaría pronto. Le escribió una carta todos los días, sin enterarse jamás de su muerte en 1858. Ella lo sobrevivió hasta 1900.


“El Desorejado”: el auténtico descubridor del Reyno de Chile

En 1533, mientras Diego de Almagro se internaba por Chile, estaba preparado para el ataque indígena. Pero nunca se esperó que a la altura de Quillota, los aborígenes lo salieran a recibir amistosamente, con regalos y comida. Menos que al lado del cacique Michimalonco apareciera un español sin orejas. Era Gonzalo Barrientos, soldado sevillano cuyo nombre en España era Pedro Calvo, quien había sido mutilado por Pizarro en Perú al descubrírsele robando el oro de Atahualpa. Sin embargo, Barrientos logró escapar hacia los valles de Aconcagua, convirtiéndose en un nativo más. Él les advirtió a sus compatriotas que en estas tierras no encontrarían oro ni riquezas, ofreciéndose a acompañarlos de regreso al norte. El libro concluye: “El hombre sin orejas perdió la vida en una de las tantas revueltas por la repartición de las tierras del Perú”. Estigmatizado por ser uno de “los de Chile”, como se referían sardónicamente a los que habían participado en la frustrada expedición a las tierras del sur del Cuzco, sinónimo de fracaso, derrota, pobreza y, en último término, de guarida para el que se internó en sus desiertos y valles, ocultando su vergonzosa mutilación. Así concluyó la vida del auténtico descubridor del Reyno de Chile, el desorejado Pedro Calvo o Gonzalo Barrientos. LL


*Publicado originalmente en Artes y Letras de El Mercurio.