LA FELICIDAD (JA, JA, JA, JA)

April 19th, 2010 @ LuchaLibro

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DE LA FELICIDAD… Y TODO ESO

Ensayos sobre cómo sorprenderse por la alegría

Por Fernando Villegas

Sudamericana/Random House Mondadori, 2010

Chile

265 páginas



LO SABEMOS: VILLEGAS genera anticuerpos. O al menos un sector derechamente lo odia. A pesar de aproximarse a la categoría multiventas con obras como Diccionario Histérico de Chile (1997, Qué Pasa) o  El Chile que no queremos (2005, Sudamericana). O lograr la misteriosa estabilidad en los medios: Radio Duna y Chilevisión (¿alguien se acuerda de “Domicilio Conocido”?). Pero no, para muchos Villegas Darrouy (1949) es un “intelectualoide”,  horrorosa categoría en que caen aquellos que teorizan sin título profesional, apuran opiniones sin laberintos semánticos y construyen tesis con más humor que datos objetivo-científicos. También por nunca abanderarse y más bien jugar cínicamente con opiniones y tendencias. Y él siempre declara en sus entrevistas que a) Cualquiera que tenga un problema con él puede arreglarlo en una buena pelea. A puñetazo limpio y b) El mundillo literario lo “ningunea”.
Claro, Villegas no usa ningun recurso de elite para sus análisis. Sus frases a veces no llegan a buen puerto. Abusa de la misma retórica de sus columnas. No entrega datos ni rehuye la provocación moderada. Quizá podría ser hasta machista y homofóbico. Pero esta brutalidad del análisis o, más bien, cómo lo cuenta, es lo interesante.

En De la felicidad… y todo eso parte declarando que no es sociólogo, como muchos lo llaman (y lo instrumentalizan para atacarlo). Sencillamente porque no logró titularse por una tesis demasiado marxista (estamos en 1975). También se descuelga de los ambientes intelectuales que, por cierto,  jamás lo han admitido. “Soy lego y ciudadano de a pie por donde se me mire. El único título que podría ostentar es que, en mi calidad de lector impenitente de materiales inservibles para la vida diaria y mi profesión, la cual descuido con olímpica indiferencia, me complazo en rumiar libracos que tratan esas disciplinas, en especial si son de segunda mano, muy viejos y ostentan aurelolas de vino en las tapas, prueba clara de que fueron leídos en una sacristía o en un bar, ambos por igual sitios tradicionalmente consagrados a esos estudios”.


Foto, revista NOS de Concepción.

Después aclara “ya que están ustedes a punto de pagar por este libro o ya lo han hecho” que nunca fue discípulo de los Grandes Mastros (léase: mundillo literario/intelectual), que su experiencia de vida se ha formado más bien en los librerías como la del Fondo de Cultura (léase Gonzalo Rojas) y se pone a la defensiva: no falta, dice él, quien crea que escribe esto porque en la editorial necesitan otro best-seller y él otro adelanto. El libro es más bien, una colección de pensamientos en torno a una vida “vivible” en un contexto donde la “seriedad” se lo ha tomado todo. Y para Villegas los “serios” encubren el obsceno mandato que hay que someterse a ideas y principios construídos desde el poder.

Tras esta introducción, Villegas parte comparando el orinar con la felicidad (“Del orinar”), el gusto de aplanar calles (“Del deambular”) y la literatura (“Del escribir”, “De los libros”). “(…) permítame decirle con todo respeto que usted no sabe absolutamente nada de lo que pasa por la mente del verdadero no-lector cuando ve a alguien con un libro en la mano. Es posible que ni siquiera él, el no-lector, lo sepa; los no lectores saben muy pocas cosas precisamente porque no leen y menos que nada se entienden a sí mismos”. También analiza la música (“De la música”) y recomienda a Gershwin, algo que nos cae muy bien.

La lista sigue: “Del humor”, “Del atarearse” (por supuesto, no está a favor), “Del comportarse como bobo”, “Del dolor”, “De la muerte” o “Del creer en Dios”. En este último punto se autocita: Teología para incrédulos (1994) donde señala que más que no creer en Dios, sospecha que su existencia no resolvería los problemas de nosotros, pobres criaturas mortales. Pero sorprendentemernte después, reinvidica la idea de un lugar donde nos reuniremos con nuestros muertos amados.

En el fondo, De la felicidad… y todo eso es una colección de ensayos que escritas en el mismo tono de sus columnas (recordamos las clásicas de los noventa en Qué Pasa y La Tercera) diseccionan los aspectos que hacen la realidad más vivible. ¿Qué tiene de malo eso?. J.C. Ramírez Figueroa.




DEL ESTAR CUFIFO (EXTRACTO)

Por Fernando Villegas

Es, la del cufifo, una grata y elevada condición, la cual demostraremos por medio de irrefutables tesis lógicas y epistemológicas en una o dos páginas más adelante; ciertamente es uno de los caminos más accequibles para acercarse a la particular Divinidad que perseguimos aquí, la FELICIDAD o siquiera un buen remedo de ella, esto es, al menos el disfruta de un momento o dos de divino desapego y elevación. Hay también otros vocablos para mencionar dicho estado; se pude hablar de “estarse puestón”, “alumbrado”, “achispado”, alegre o “con un par de copas”, pero como sea se diga, esencial es no confundir este estado con la borrachera. Entiéndase bien: cufifo es como se encuentra quien ha bebido suficientes copas para haber superado la condición de pedestre sobriedad que recomienda la Iglesia y los Santos Apóstoles, pero aun no bastante para alcanzar el de embriaguez que asusta a las señoras. La condición de cufifo es divina, la de borracho es diabólica. Así como sólo un paso puede separar el camino del Averno del que conduce al Paraíso, una copa de más o menos hace también la diferencia. Ya en esto hay una importante lección aplicable a todos los ámbitos de la vida y es la siguiente: las tituaciones que experimentamos, los destinos que nos tocan, las vidas que podemos tener o no, dependen a menudo, en verdad casi siempre, del más leve toque, de la circunstancia más casual, de un par de centímetros de más o de menos, de un segundo de atraso o de adelanto, del azar llevado al extremo de lo infitesimal. LL