— 2010/04/09 1:39 pm

CRIMENES PERFECTOS

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EL ÚLTIMO PLAN

Novela Generacional Post-Concertacionista

Eduardo Trabucco

Catalonia

2009, Santiago de Chile

207 páginas

$10.710



UN GRUPO DE CINCUENTONES se reune periódicamente en el muy pequeño burgués -para usar su jerga- Club Sport Francés. Si no bebieran y comieran tan bien ya habrían resuelto lo que les reúne: cómo asesinar a un ex-camarada que transó con el neoliberalismo. Uno de esos típicos casos de astucia política al servicio del poder. Pero eso el lector lo descubre bien avanzadas las primeras cuarenta páginas.

Porque Trabucco, abogado, exiliado y co-fundador del PPD, sabe que esta venganza es sólo la exteriorización del profundo trauma que provocó en su generación, retratada en El último plan, su segunda novela tras Ruta Circular (2008). Lo nuclear es cómo sobrellevaron esta caída del “ideal izquierdista revolucionario” (por llamarlo de algún modo) en la vida diaria. Un thriller político, donde también ellos buscan reposicionarse a través de un candidato joven que enganche a las nuevas generaciones.

De ahí que cada capítulo vaya profundizándonos en torno a un personaje de este grupo de amigotes. Gonzalo Jordán, amante de la ópera y que a pesar de haber “salido del closet” no perdona a quien le quitó a Ingrid, la mujer con la que tenía una especie de noviazgo sin sexo (“…siempre me he preguntado qué hubiera sido de mí, es decir, de mi cuerpo, de la reacción de mi aparato, si ella hubiera tenido otra actitud; lo más probable es que hubiera hecho el ridículo”). Y que decide matar con arma blanca a “El Acusado”.

René Chambelán, un hombre intachable, católico y que en una de las escenas más bellas del libro le explica a su mujer lo estúpido que sería pensar siquiera en la infidelidad. Justo después de esa reafirmación va a avisarle al “Acusado” que lo quieren matar. También se suman Mario Alberoni, un especie de mestro de ceremonias de las reuniones, Pedro Boedo (quien le quitó el amor platónico a Jordán) y Marcos Gutiérrez, novelista en sus tiempos libres, quien espantó a Chambelán al estar teniendo sexo extramarital con su secretaria en la oficina de abogados. Su señora, nada de tonta, le dijo que lo quería mucho en su cumpleaños, para divorciarse la mañana siguiente.

Todas estas situaciones corales, que podrían ser divertidas, el libro lo muestra como decadente, trágico, enrarecido. No hay espacio para reirse de la caída de los ex militantes. Simplemente vemos sus miserias y cómo la idea de atentar contra uno de los suyos los revive. Todo bajo la frase de Shakespeare citada en la contratapa: “Nuestras voluntades y nuestros sinos corren tan contrarios, que nuestros planes pronto son derribados. Nuestros pensamientos on nuestros, sus finales nada tienen de nuestros”.

Podemos decir que El último plan, anticipa la virtual caída de la Concertación, examinando los traumas de la vida diario de los “traicionados”. Un análisis que, seguro, se convertirá en un subgénero los próximos meses.


LA DEBILIDAD DE LA CIENCIA

(FRAGMENTO DE “EL ÚLTIMO PLAN”)

Por Eduardo Trabucco


-¡Están locos!

-¡No, no está loco!

-¡Qué paciencia hay que tener! ¿Crees que una imbecibilidad como esa la puede realizar solo una persona? Imposible. De ser así debiera estar mandada y pagada por alguien. Es un vendido, un sicario, sí, un sicario al servicio de otros. De mis enemigos.

-No, te equivocas. Es un hombre de ideas, excepcional, respetable. Sólo que está profundamente equivocado.

-¿Estás defiendo a un criminal?

-Todavía no lo es-

-No entiendo por qué lo justificas.

-No estoy justificando nada ni a nadie. Él alega que tú lo traicionaste. Y la traición, si aplicas el Código de Justicia Militar, puede significar la pena de…

-¡Qué Justicia Militar ni qué huevadas! ¡No estamos en guerra! ¡Uf, el mundo está repleto de idiotas! ¡Yo no he traicionado a nadie!

-Él es una persona inteligente y preparada. No padece de ningún transtorno de personalidad; está en guerra, en una guerra personal contigo. En cuanto a lo de la deslealtad, bueno, podría tener razón aunque lo de la guerra es una exageración, un delirio, claro.

-¿Tú también?

Chambelán guardó silencio. Se preguntaba: “¿Por qué si habíamos sido durante años en el pasado parte de su equipo más cercano, cuando todo era difícil y peligroso, y en los momentos en que nuestras vidas, nuestra libertad y también nuestro patrimonio y el de nuestros hijos se arriesgaba, éramos buscados insistentemente por él, asignándonos responsabilidades y, sin embargo, en el momento que la expedición con sus indivualidades, sus sherpas y sus burros, llegaba a la cima del Everest, bueno, allí, al borde de la materialización de nuestros sueños por llevar adelante acciones y proyectos tantas veces conversados, decía no y bajaba su pulgar como solía hacerlo Tiberio? No teníamos derecho a hacer cumbre. Debíamos permanecer en los campamentos de base. Fuimos un medio para tí; una simple herramienta para lograr un fin; un númeroi, un cálculo en tu máquina regristadora, una relación con doble objeto. Siempre tuviste un alma helada por el egoísmo. No sIquiera en los momentos más felices fuiste generoso. ¡Cómo íbamos a avanzar hacia una profundización de la democracia sin demócratas! ¡Seguimos en el paraíso de los consumidores! ¿Donde están los ciudadanos? Para qué hablar de progresismo y ni qué pensar en el socialismo con un líder como tú. ¿Qué es eso? te preguntarás. Te rodeaste de los que se olvidaron de los sueños, del proyecto y de los que no salieron a la calle, de los que estaban a la espera agazapados entre los escritorios de sus verdaderos patrones de diversas latitudes, atentos al grito brutal del asalto al poder, a ese pedaco de gloria, de juego de espejos, de cariño, que posiblemente tanto necesitaban. Sólo querías a tu lado a los que te halagaran, a los que no te contradijeran, a los que no llegaran a contart la verdad y te colmaran con cuentos, con ficción. Pero tú no eras ni eres capaz de querer ni de confiar en nadie. Claro, además de las intrigas, de las adulaciones, todo, debo reconocerlo, tan propio a la esencia del poder, no te excusa ni te salva (…)

Súbitamente Chambelán sintió que el menosprecio y la rabia se disputaban su espíritu y pensó que había llegado demasiado lejos, sobre todo para un cristiano como él. Se sonrojó.

-¿Es eso o he entendido mal? -volvió a preguntar el Acusado, mientras Chamebelán regresaba al presente y recuperaba su cplor.

-Te equivocaste con nosotros. Has decepcionado a mucha gente.

-Lo que pasa es que tú y tus amigos son unos ingenuos. Confundieron posiciones políticas distintas on odio personal .

-Entiendo que ya no somos tus amigos y tal vez seamos todos unos incautos, pero te he venido a decir que te cuides por un tiempo. Por algunos meses; después el peligro de eliminación física desaparecerá y dependerás nada más que de la voluntad de Dios.

-¿En qué te basas para decir eso?

-En la debilidad de la ciencia.

-Escucha creo que podemos arreglar esto. ¿Puedes preguntarle a ese hijo de puta qué pide para cancelar su plan?

-En su espíritu no hay nada de venal. No pide nada.

-¿Pero tú podrías interceder y convencerlo?

-Ya lo hice y fracasé.

-¡Carajo! ¡Pídanme lo que quieran!

-No pedimos ni queremos nada. Cuando quisimos participar y era de justicia hacerlo nos dejaste fuera. Tampoco aplicaste el programa. Todo se acabó contigo. Ahora debo irme.

-¡Espera René…!

-Ya dije lo que tenía que decirte. ¡Adios!

Chambelán se paró y salió de la habitación sin darle la mano al Acusado. Una sensación de conmoción lo atravesó por completo. Era triste y decepcionante comprobar que tantos años de trabajos comunitarios, de ideas compartidas, de odios y alegrías, de errores y de éxitos, de secretos guardados entre todos, habían terminado hechos añicos por la deslealtad y la cobardía moral de quien habìan elegido como líder. ¿No será que la confianza, el cariño y los sentimientos tienen fecha de vencimiento como lo tiene un yogurth cualquiera? Sabía que algo iba a suceder pero no alcanzaba a percibir ni intuir qué era. LL.

El cuadro en que se basa la tapa es el célebre y ciertamente parabólico La Muerte de Marat de Jacques Lois David.

El libro se puede adquirir directamente en Catalonia ver direcciones y teléfonos acá.

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2 Comments

  • gracias, eduardo.

    nos gustó mucho tu novela y esperamos entrevistarte pronto para hincarle el diente.

    saludos !

    l

  • muchas gracias lucha libro por la critica. ustedes llegan a un público lector joven y distinto con el cual seguramente engancharé. esto me anima y me da fuerzas para seguir escribiendo. en el día del libro, un saludo afectuoso de eduardo trabuco.

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