HOTEL IGNACIO FRITZ (SOBREVOLANDO EL “IMAGE FICTION”)

March 16th, 2010 @ LuchaLibro

0


HOTEL

Cuentos image fiction

Ignacio Fritz

Contracorriente ediciones

Santiago, Chile

2009

141 páginas


IGNACIO FRITZ (1979, Santiago) dice que está haciendo su camino literario al revés: mientras la mayoría de los escritores empapan sus textos tempranos con “barroquismos” -explica- generalmente terminan prefieriendo la simpleza y economía de palabras. Él no. Desde “Hotel”, el cuento que abre su nuevo libro homónimo, las palabras -rebuscadas, sugerentes, extrañas- aparecen conviviendo alegremente al lado de las otras, las que usamos en nuestra conversación diaria.

“El rockero Jim Morrison estaba furioso hasta el espinazo con la actriz Sharon Tate: la fulguanta de visos arcangélicos”, por ejempl, en una de las primeras frases del libro.

Pero el escritor destaca la aplicación del “Image Fiction”. Una tesis del malogrado David Foster Wallace donde se cuestiona la frontera entre los hechos y la ficción, a partir del fenómeno de la fama. Por eso en Hotel hay famosos, muertos y vivos, dialogando entre sus cuentos.

Fritz: Comencé escribiendo preocupándome mucho del lector, por tanto no utilizaba palabras rebuscadas y trataba de evitar el barroco. Pero evolucionando a través del tiempo, en un lapso de cinco o seis años, dije ¿por qué no?”. En el fondo es un bien que se le hace al lector al instarlo a abrir el diccionario y cerciorarse de la existencia de esa palabra. En un principio no era “Image Fiction”. Tenía el libro escrito, ya era barroco y se llamaba El festín de los pretendientes. En febrero de 2007 cayó a mis manos un ensayo de Foster Wallace. Y yo tenía una obsesión con la gente famosa en general y cómo han estropeado su vida “famosa” por tener una especie de interior negro. Empecé a escribir cuentos con personajes famosos: Jim Morrison, Sharon Tate, River PhoenixStephen King, Lori Rivers -que es una actriz porno- Miguel Serrano

-!!!

-Yo no tenía las intenciones de hacer un cuento policial con Serrano, pero en esa época -febrero de 2006- un amigo, Carlos Tromben, me invitó  a una antología de cuentos policiales que se hizo pero nunca se publicó. Se me ocurrió meter a Miguel Serrano que generalmente lo veía paseando por el centro.

-Era un personaje de este sector, Santiago centro.

-Si, de hecho. Yo quería mezclarlo con el Inspector Columbo, el de la serie de televisión. Era bien curioso, lo leyó Tromben, lo encontró barroco, de lenguaje excesivo y el original del libro se llamaba “De Columbo a Tucapel” y ahí me metí de lleno al asunto de los cuentos de “Image Fiction”, gracias al ensayo de Foster Wallace. El cuento de Serrano se llama ahora: “¿Resbalaste alguna vez sobre sangre roja?”.También meto a Van Helsing peleando con Medussa. Es fantasía. No diría que es ciencia ficción dura. Es blanda, como Ray Bradbury, más humana, menos máquina, menos cyberpunk.

NARRATIVA DE LA IMAGEN

Fritz dice que fue interesante explorar esta “Narrativa de la imagen”, donde se cuestiona el hecho y ficción a través del fenómeno de la fama. “Es muy interesante, además en Chile nadie ha explorado el tema. Y si, además, careces de una propuesta crítica puedes caer en el absurdo. Yo creo que Hotel triunfó en el sentido que hizo una buena parodia de cada personaje: Morrison, James Dean…Miguel Serrano no. Es una persona bastante seria. Pero en el fondo hay un carácter lúdico que cubre todo el libro”.

-¿Te preocupaba que estas narraciones no cayeran en lo inverosimil?

-No me preocupó realmente el asunto de lo verosímil o que fuera entendido. Después de haber escrito un volumen de cuentos y una novela que tuvieron relativo éxito como Eskizoides (2002) y Tribu (2006), me di cuenta que debía reinventarme como escritor. Por tanto  tengo que buscar temas y estéticas. Llegué al barroco, curiosamente -porque antes lo encontraba una pérdida de tiempo, lo leía y me aburría- conocí a Cristian Barros y él es muy barroco. Y leyendolo junto a gente como Alfonso Grosso, que ganó el premio Alfagura en 1972, me di cuenta que no es tan loco hacerlo. ¿Qué más da si coloco tres adjetivos en lugar de una frase que entienda todo el mundo?. ¿Trato de escribir, arriesgándome todo el tiempo, por eso elegí el barroco y el image fiction. Precisamente lo hice para arriesgarme.

-Y así logras un quiebre…

-Precisamente. Yo antes escribía partiendo de situaciones que conocía. A mi me gustaba mucho el género negro. Mis primeros cuentos eran bastante pulp. Después me quedé… no sé. Ahora podría hacer un cuento negro, pero siento que ya lo conté todo.

BOXEADORES, ESCRITORES, CRIMINALES

Sabemos que a Fritz le obsesiona la metáfora del boxeador. De hecho, él también tuvo su temporada como tal. Pero él se ríe con algo de pudor, bajándole el perfil a sus sesiones de entrenamiento y golpes en los pocos rings que sobreviven en Santiago. “Me gusta la idea de no confiar en el contrincante”, dice.

Sobre la influencia de Hemingway, dice que fue vital. Aunque si somos realistas, si él o Capote debutaron antes de los 23 años, en Chile -como llegamos tarde a todo- la edad ideal para empezar a publicar debería ser los 33. Él agradece que Pablo Azócar, escritor y no de sus maestros de talleres de escritura- haya creído en él, aunque duda si fue tan bueno que le haya dicho a la cara que tenía talento. Y se ríe.

Porque conversar con Frtiz tal como con Nacho Vegas, no tiene nada que ver con cierta imagen de malditismo creada por textos o entrevistas viejas. Se ríe, discute ideas, escucha.

“Yo tenía en el disco duro de mi cabeza, que hay que tratar de hacer los cuentos lo más engullible posible. Sé amable con el lector. Trata de hacerlo lo más simple. Entonces terminé Eskizoides, tuve una especie de depresión, porque logré hacer algo y pensé muy adolescentemente que iba a terminar como Pablo Simonneti y no fue el caso. Quería ser superstar, con la camisa abierta en las fotos, jaja y no fue así. Pero la muerte, que era el tema central del libro, no es un tema amable para el lector”.

Dice que la única crítica que le “dolió” fue una salida en El Mercurio, donde se le decía que tenía “uso limitado del lenguaje”. Y le sirvió. “Aunque tampoco fue la mejor crítica. Y dijo que trataba mal a las mujeres, que era misógino… pero Hemingway era así, también. El crítico decía que las trataba mal….”

-Pero eran tus personajes y no tú… Supongo-

-Noo. Yo respeto a las mujeres

INFLUENCIA ZONA DE CONTACTO Y THE CLINIC

“Llegué a la Zona por casualidad en 1998, tenía diecinueve años. y ellos convocaban un taller de literatura. Tenía cierta s inclinaciones literarias, en el sentido que hice dos cuentos, se los entregué a mi profesor de castellano, me puso una nota y eso sería todo. Lo máximo de escritores que conocía era Luis Sepúlveda... Ese verano hice un cuento de página y media y lo mandé a concursar a la Zona y quedé dentro. Precisamente allí aprendí que no necesariamente hay que hacer alta literatura. Sergio Gómez - encargado del taller y actual editor de Norma- nos decía que todos quieren hacer alta literatura, y en verdad hay que hacer baja literatura para aproximarse a la alta. Y los cuentos en la Zona estuvieron muy bien editados. Yo no estuve en la época de Fuguet, Illanes o Hernán Rodriguez Matte. Pero en la época que ya estaba de capa caída logré aprender y publicar”, dice.

Allí, destaca el aprendizaje sobre el uso acertado del diálogo. Usar diálogos cinematográficos neutros. “Yo antes tenía tendencia a no usar el “cachai”. Escribía en lenguaje cinematográfico. A serie gringa traducida al español.También aprendí a decribir los ambientes. Si bien no había muchas lecciones o yo estaba en blackout permanente… puedo decir que me refiero a aproximaciones psicológicas ni laberintos semánticos, sino me refiero a describir escuetamente lo que rodea a los personajes del cuento. Si estoy en un café:  tenía ventilador, un pequeño mostrado de madera, con sillas…etc.Después empecé a intentar evolucionar en el plano narrativo. A partir de los 21 y esto se lo debo a Hemingway y ya quería tener un libro listo. Pero estamos en Chile y estamos atrasados comparado con los anglosajones y uno debería publicar a los treinta y tres”.

-Entre Eskizoides y Nieve en las venas, escribisrte “Nihilista al acecho”, una columna en el mejor momento de The Clinic…¿como la evalúas ahora?

-Creo que maduré tarde, a los 25. Por tanto la época en que la escribí fue bastante adolescente. Lo único que hacía en vez de ser critico a autocrítico, narraba mis experiencias carreteras con amigos, lo que me hizo una mala fama de borracho, drogadicto e irresponsable… Y actualmente ya no es así.

-Exageraste.

-Si, exageré.

-Bueno, pero Jaime Bayly hace lo mismo.

-Si, pero yo no soy hijo de un banquero (se ríe)

-Pero mitificar los excesos puede ser entretenido en una columna así.

-Es que inventaba mucho, entonces ponía nombres reales a la gente que me acompañaba en mis periplos nocturnos. Entonces los llamaban y las preguntaban si era verdad lo que había salido en The Clinic. Yo exageraba mucho. Si tuviera una columna ahora, sería más seria. Criticaría lo que hay en el país. La anterior era mirarse en el ombligo todo el tiempo, una columna adolescente. Además, el Clinic no volvió a tener una columna adolescente.

-Después vino Tribu.

-Y ahí se acabó el rollo de quitarme los lenguajes audiovisuales, llegar al barroco y dejar lo objetivo y pasar a lo subjetivo.

-Dejar de narrar los cuentos como películas…

-Exactamente. Hay gente que me ha dicho que Tribu es una novela de autor.

-¡Pero si todas las novelas son de autor!

-Jaja. Me lo dijo Roberto Fuentes. En Tribu llegué a un nivel introspectivo que me ayudó en cierta forma. Porque yo tuve una vida bastante difícil desde 1999 hasta 2005. Y ese libro fue bastante catártico. Probablemente lo boté todo, aunque metí lo policial, narrativamente evolucioné porque ya no quería contar una película, más bien tratar de llegar al lector con emociones. Y desde ese punto llegué a lo subjetivo que llega a Hotel.


¿RESBALASTE ALGUNA VEZ SOBRE SANGRE ROJA?

(EXTRACTO)

Por Ignacio Fritz

El silencio se hacía más grave a medida que avanzaba la noche, como se recibe siempre a los heraldos de las tinieblas

Abbadón el exterminador. ERNESTO SÁBATO.

Gabriel Rosseti se sacó los audífonos de su discman Sony modelo D-FJ211 al ver la  figura femenina, y sintió miedo y recelo tal como lo experimentaron -pensó- los secuestradores de la SS ante las alegorías Filosofía y Jurisprudencia. De hecho, esa vez los nazis rociaron con gasolina y prendieron fuego al propio castilo Immerdorf de la Baja Austria en 1945, como lamentable venganza ante la dearrota consumada del supuesto masculinismo del III Reich.

Deberían preguntarse por qué Gabriel Rosseti entró al bazar etílico a altas horas de la madrugada. De este modo, supondríamos que por aquí, sí, por aquí, podría iniciarse la historia. ¿Cómo podríamos describir un asesinato sin un détailler ordenado por una aparente voluntad decorativa, relativa al narrador? La sarta de connotadas mentiras se perpetró antes de que Gabrel Rosseti cenara con Miguel Serrano.

Antes de la cena se había juntado con una muchacha, una escritora con la razón embrollada. Ella lo había conocido antes de que su novela fuese ridículamente aceptada por una editorial española. En la comida con Miguel Serrano, Gabriel Rosseti estaba absorto, agotado; sus oídos ponían atención a una sonata en re menor para piano y violín de Schumann. Magistralmente, el anciano le pregintó por qué estaba desconcentrado en extrañas majaderías -para Gabriel Rossett no eran boludeces-. Lógico.

-”La caza de amor es de altanería”-reprodujo Serrano lo dicho por Gil Vicente.

Gabriel Rosseti se puso cerca de una puertaventana. Le explicó que estaba hartísimo hasta las criadillas de iniciar relaciones sentimentales con escritoras ambiciosas; generalmente, arribistas. Lógico. Una noticia conocida: las creadoras de prosas de larga extensión poseen vidas intrincadas a precio de llanto. El amistoso nazi le aconsejó que adiestrara a su perro, un dóberman.

-Deberías llamarlo Argos, como el perro moribundo de La Odisea. Al menos -le dijo Serrano-, todas las cosas reposan y vuelven a la normalidad, al menos así enseña el Civitas Dei. Pronto se te pasará el despecho.

Gabriel Rosseti se desentendió del mundo con relativa facilidad y se retiró a medianoche del departamento de Miguel Serrano. Supo que la sensación de pérdida y engaño se esfumaría con la rapidez de un golpe; un ápercat propinado por Max Schmilling.

Gabriel Rosseti se sentía como el soldado que se queda en la trinchera, inmóvil, esperando el zarpaso. O bien, sentíase como el transeúnte que no quiere correr cuando nota que lo siguen a altas horas de la madrugada por una calleja oscura y abandonada.

En mitad de la noche bañada de azul, cuando salió a la calle, vio figuras con abrigos, cubiertas con paraguas debido a la lluvia: empleados que regresaban de las oficinas nocturnas o de los comercios, también noctámbulos, después de comerse y beber en un snack bar.

Gabriel Rosseti vio a una mujer paseando un coche de guagua y a un anciano con sombrero y bufanda que esparcía migas de pan añejo atrayendo a las palomas que abandonaban las copas de los árboles en mitad de la noche. Los pájaros manchaban con estiércol la estatua de hierro de un general fenecido en una batalla rimbombante.

El calabobos golpeaba los tejados de toda la ciudad. Era una noche de mayo, fría, morada, de lluvia y niebla, con siluetas de naturalezas humanas caminando pasivamente. Además se cruzaban luces, muchos haces luminosos como fucilazos de reflectores antiaéreos.

Adjetivos, editores, cómo escribir en la “sobremesa” de entrevista puede escucharse acá. Atento a los boleros y jazz huachaca de fondo. Si quieres escucharlo en la micro descargar acá.

Para conseguir el libro, este es el contacto con los muchachos de Ediciones Contracorriente: contracorriente.ediciones@gmail.com.

Las fotos son de Piero Mancini, www.fuckinloi.com/portafolio

Conceptos en la nube:  ,