EL VICIO DE ESCRIBIR
Artículos, Crónicas y Ensayos
Alfonso Calderón
Santiago de Chile
2009
251 págnas
Alfonso Calderón (1930-2009) dejó disperso artículos y ensayos que han sido recopilados en esta edición que abarca temáticas como la mujer, los excéntricos, artistas visuales, cine, libros, animales y la misma muerte. Concentrados en la época de los noventa, estos textos se leen de un tirón y dejan en claro que un autor tambien se mide por las crónicas que publica en los diarios y revistas.
BIBLIOTECAS
Por Alfonso Calderón
Cuando en Chile se desea ahorrar, lo más frecuente es que se rebajen los presupuestos relativos a la cultura. Las burguesías han pensado, fuera de la Ilustración, que se trata de “invertir” en la nada, en las formas elegantes del ocio, en el burladero del espectáculo. Lo entregado para compra de libros en nuestra Biblioteca Nacional, contemporánea de la República alcanza sólo para un “re-fa-sí”.
La primera biblioteca pública de Europa, llamada “Marciania” de Venecia, fue construída por Jacobo Sansovino a fines del siglo XV. La última, grande, noble, monumento del espíritu, es la que hizo construir con dignidad como inversión del Estado francés, el difunto presidente Mitterrand, hombre fino, sensible, culto y, sobretodo, gran lector, en París.
Aquí todo se atiene a robustecer las bodegas, a abarrotar sin gastos, a poner los libros “en donde quepan”. He leído durante 52 años, a un promedio de cinco por semana. 13.520 obras, y no quiero morirme aún para seguir leyendo. Un hombre que se extingue -escribió Leopold Sedar Seghor- es una biblioteca que muere. Siempre que haya leído más que los valores de la bolsa o el estado de la fe.
Mi gran héroe Nemo, el del “Nautilus” de Julio Verne, tenía 12 mil libros. Y los leía y estos le permitían abrir la imaginación y entender lo que sería la vida en los tiempos futuros, los nuestros. La de Ricardo A. Latcham tenía 25 mil; era de las mejores en literatura hispanoameericana. Cometió un yerro mayúsculo al donarla al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Fue saqueada en septiembre de 1973. Eran bombas de mayor poder explosivo. Nadie quiso decir nada.
Borges habló del universo, al que otros llaman biblioteca. “Mi biblioteca -dice Próspero en “La Tempestad” de Shakespeare- es para mí un gran ducado”. Ver los libros de Próspero gracias a la imaginación de un director, Greenaway, y de un actor genial John Gielud, es una fiesta inolvidable; en el cine fue una forma mayor de placer. La película que ya tiene más de cinco años, no llega a Chile porque no es “negocio”. Excesivamente culta.
Siento escalofríos cuando leo, desde niño, las páginas que Montaigne dedica a su biblioteca. Es un fruto del árbol del conocimiento. Sé que cierta edad es necesario releer. Y hay que hacerlo. Leo en una crónica de Alain Jaubert que un hombre común que “devorase” un libro por semana durante 60 años, completaría 3.120 obras. Aún es tiempo, para el país y para el lector potencial, imaginar que el libro no existe. ¿Qué sentido podría tener la cultura y… la vida misma?
5 de marzo de 1996.









February 15th, 2010 @ LuchaLibro
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