RESEÑA/”HOTEL ESPAÑA”: ¿PERO…PODEMOS REFUNDAR AMÉRICA LATINA?

February 14th, 2010 @ LuchaLibro

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HOTEL ESPAÑA

Un nuevo descubrimiento de América Latina

Crónica de viaje, no ficción

Juan Pablo Meneses

Editorial Norma

Bogotá-Santiago

2009

263 páginas

El periodista Juan Pablo Meneses (Santiago, 1969) goza definiéndose como “periodista portátil”. Ese tipo de conceptos que -los exitosos- recomiendan defenderlos, repetirlos sin parar y explicarlos tan entusiastamente hasta crear una asociación automática entre pluma-concepto-talento. Y Meneses hace rato que triunfó como cronista experimentado y freelance continental. De hecho antes de su semántica portatil y su autoexilio a Buenos Aires para convertirse en freelance de elite ya había despachado hits como su viaje a Buenos Aires con Los de Abajo -la barra brava de la Universidad de Chile- y que le valió amenzas de muerte ( Zona de Contacto, 1996) o lanzado un libro que sutilmente -o así lo entendimos nosotros- apoyaba la idea de una conspiración tras el caso Gemita Bueno (Sexo y Poder, el extraño destape chileno, Planeta, 2004). Aun así, sus crónicas, talleres y libros repiten la palabrilla, sin culpa alguna. Su tesis es que gracias a internet, las redacciones ahora son los cybercafés, con la diferencias que los redactores cambian todo el tiempo; la oficina, el gmail y el periodista un freelance que puede viajar, mirar, involucrarse, escribir y contactarse con los editores interesados del tema reporteado.

Hotel España, tal como La Vida de una Vaca (Planeta/Seix Barral, 2008) se sostiene en un tema mínimo pero excelentemente vendido. Tal como en este último le “compramos” la idea de un periodista que se compró una vaca y la crió en el patio de su casa (sin que Meneses jamás hubiese especificado eso, ojo) y terminamos aprendiendo sobre la identidad argentina a través del mito fundacional de su carne (prescindiendo de la historia de la vaca), acá entendemos más Latinoamérica sin que su insistencia en atar las temáticas a los hoteles España disperdigados en la zona nos importen mucho.

“Meneses, ya son las nueve”, se escuchaba al otro lado del teléfono, y si me había quedado escribiendo hasta tarde, respondía: “OK, gracias”, y colgaba para seguir durmiendo.

Esa frase se repite a lo largo del texto como fórmula retórica que integra Santiago, Buenos Aires, Bogotá o Ciudad del Este. El cronista que vive en sus reportajes, mientras su vida real se queda detenida en un frigorífico hotelero.


Así como las películas de terror, si le quitamos el terror desentrañamos su verdadera historia de fondo, si quitamos los Hoteles España disperdigados por el continente y que Meneses trata de enlazar, lo que queda es lo más interesante: la invención de América Latina a partir del DF mexicano.

Porque Meneses reproduce su columna “Mi DF privado” donde sostiene que la capital mexicana es la verdadera colonizadora cultural de nuestro continente, más que España. Que el DF es la maravillosa exageración de todo lo que creemos que es exagerado en nuestras ciudades: olores, contaminación, inseguridad, sabores, gente.

Y con esa idea, explicitada desde el principio, empezamos a acompañarlo en un recorrido fragmentado por nuestro continente y sus historias. Como la cultura del linchamiento en guatemala (¡los ajusticiamientos ciudadanos se transmiten por la radio!) o la rutina de un pueblito colombiano de iniciarse sexualmente con burras.


Y uno -acostumbrado quizá a las crónicas confesionales de las revistas caras- espera un chiste, un comentario picaresco, una anécdota personal. Pero nada. Meneses, en sus crónicas  se aproxima al grado cero de la escritura propuesto por Camus -y dudado por Sontag-, es decir: retratar, investigar y mostrar la realidad para que el lector opine al terminar el párrafo.

Aun así, el libro de Meneses se lee de un tirón. Su distancia (en su prosa hay una permanente sensación de decadencia, pobredumbre, ambientes levemente enrarecidos como película de David Lynch en clave sudaca), documentación, travesías por lugares que quizá nunca visitaremos (aunque Ciudad del Este fue ciudad depaso antes de Foz en las Giras de Estudios en los noventa, al menos en la VIII Región) y, sobretodo, una primera persona que jamás te contará cosas que no te involucran, hacen que la inmersión el la tesis de la refundación de América Latina, interese.

Las risas, comentarios y recuerdos, los pone uno al final.

HOTEL ESPAÑA

(EXTRACTO)

Por Juan Pablo Meneses

MI DF PRIVADO

Me presento por única vez: soy Juan Pablo Meneses y vivo en el DF.

No, no es cierto… lo exacto es que soy Juan Pablo Meneses y vivo en Buenos Aires, pero con el DF.

A ver. El asunto es de esta manera. Desde hace mucho tiempo y de forma inexplicable, vivo con el DF en mi cabeza. No es una metáfora. Hablo, simplemente, que vivo con el Distrito Federal de México en mi cabeza, todos los días, a cada hora, desde hace años.

Nunca he ido al DF. No conozco México. En esa ausencia, creo, está el principal germen del DF que me acompaña diariamente. Desde niño, creo que desde antes de pasarme tardes enteras en la vecindad en blanco y negro del chavito del 8. Desde mucho antes de saber que Pedro Páramo buscaba su pueblo perdido en el mero México, y de seguir los resultados del Necaxa, y de leer al Roberto Bolaño modelo DF, y de enterarme de los millones y millones de billetes que mueven las telenovelas y el Canal de las Estrellas y las rancheras y el tequila y la lucha libre punto MX. Mucho antes de casi todo lo mexicano que ha influido en Latinoamérica (bastante más que la España de Europa, algo menos que Estados Unidos), siempre y no sé por qué quise ir a México. Específicamente, ir al DF.

“Son millones de millones de personas en las calles”, “hay que ir armado hasta a la misa dominical”, “los taxistas mexicanos son los más peligrosos del planeta”, “a la policía le das un poco de dinero y puedes hacer lo que quieras”, “los sindicatos son tan nacionalistas que no dejan que trabaje ningún extranjero”, “la marihuana de allá no te hace ver uno, sino un camión lleno de indios mapaches”, “ahí hacen fiesta para los muertos y veneran calaveras”, “no te metas con los políticos que todos tienen matones”, “si encuentras que este ají pica, espérate probar la comida en el DF”, así, de a poco y con esas frases, con ese tipo de frases que me dejaron con la boca abierta desde que tengo memoria fue que lentamente y desde hace muchos años se fue construyendo y levantando, con el abnegado trabajo de los albañiles de mi conciencia, el DF que habita en mi cabeza. Ese DF que, hoy en día, se ha convertido en la principal unidad de medida con que – puede sonar inexplicable- me dedico a mirar el mundo. Todo, todo lo comparo con el DF. El DF al que nunca he ido.

En Vietnam, mirando el desenfrenado tráfico en las calles de Ho Chi Minh City pensaba en que era casi tan enloquecido como las calles del DF. En Estados Unidos siempre veo tantos y tantos mexicanos juntos que, irremediablemente, la principal potencia económica del mundo me termina resultando cada día más parecida a mi DF. En Buenos Aires, hace poco volvió a suceder: hubo un paro del metro y el subterráneo de la ciudad estaba colapsado y la gente sudaba y se empujaban y yo veía a esa mujer semi inconsciente clamando la salvación divina y me daban ganas de decirle, “esto no es nada comparado con el DF, señora”. Ahora me dicen que en Chile descubrieron unos policías de tránsito sobornados: se nota que no conocen la “mordida” del DF. Madrid dice que tiene contaminación: jajajaja, váyanse a respirar al DF.

Cuando comencé a escribir crónicas de viajes, pensé que había llegado la hora. Mal que mal, gracias a ser un niño que soñaba con ir al DF es que me gustan los viajes. Pero tampoco sucedió. He recorrido parte del mundo y acumulado pasaportes con timbres de los diferentes continentes, pero del timbre de los Estados Unidos Mexicanos, ni la sombra.

Hace un par de días he decidido, finalmente, que nunca jamás iré al México real. Es una promesa. Y pese a eso, la vida seguirá y seguiré teniendo noticias del DF porque escribo para diarios y revistas del DF y tengo buenos amigos del DF y, por supuesto, me deben dinero del DF y me han mentido del DF y me han ofrecido cosas que la gente del DF después no cumple. Aunque he decidido no ir, nunca jamás, cada vez que pueda volveré a escuchar feliz y atónito historias del DF como las que me contaba Juan Villoro en Barcelona. Cada día, como hasta ahora, seguiré midiendo el resto del mundo con el DF, con mi DF, como el asaltante de revólver que corría ayer por Buenos Aires y pensé que parecía de Tepito, un barrio bravo del “defectuoso”. Y cada vez que pueda, como siempre, volveré a recordar todo lo que me llevó a construir esa ciudad tan gigantesca y tan latinoamericana y tan agresiva en mi cabeza. Pero tomarme un avión y comenzar a caminar por ahí, nunca jamás.

Ya no es necesario.

Hotel España es distribuido por Editorial Norma. Para seguir la obra y las entrevistas del autor en su Tour Hotel España recomendamos visitar su blog oficial