Las nuevas generaciones de la derecha, ya sean las juventudes de sus partidos, universidades o los hijos del ABC1 de principios de los 90’s, han dado clase en este último tiempo de cómo salir del closet musical al que los sometió la Concertación durante 20 años.
Por Cristobal Cartes Saavedra
El hecho de que Camila Moreno y Quilapayún hayan sido pifiados durante el Festival del Huaso de Olmué, fue la gran muestra de que después del fatídico 17 de enero, los jóvenes ABC1 se están expresando de nuevo. Se sacaron el poncho y dejaron el charango en su casa, para guardarla por, espero, cuatro años.
Camila Moreno siempre expresó en sus canciones el sentimiento anti-conservador, pero el solo hecho de ya mencionarlo públicamente le valió el repudio del que parecía hasta ese punto, su público más fiel. Lo más probable es que si a esa gente le hubieran puesto esa canción y una de Teleradio no distinguirían la diferencia, y la hubieran alabado y premiado.
¿Qué cambió en ese tiempo tan corto a esas personillas, que en meses, de saberse la letra entera de “Te recuerdo Amanda”, pasaron a saltar con bustos de Pinochet en la mano, gritando contra comunistas, como si estuviéramos en 1973?
La verdad es que ellos siempre han estado entre nosotros. Era como su alter-ego. Se hacían los progre (palabra ultra manoseada), pero después se escondían en lugares escondidos dentro de un mundo casi popular, como es el barrio Brasil o Bellavista. Esos lugares donde en un local puedes escuchar reggaetón y comprar dos chelas a luca, y en el local-casa vecina, te sale más del triple comprar un absenta, y escuchar música electrónica.
Es algo de la sociedad que cambió en un par de meses. Todos salieron de su closet político, en el que se mimetizaron por 20 años con la cultura de la Concertación y la izquierda, y ahora cantarán su propia música moderna. Es la misma gente que hace un año, era capaz de sacarse fotos con gente del PS, y ahora expresan su amor por la derecha, con la excusa de “castigar a la centroizquierda”, aunque en verdad, van donde calienta el sol.
Nadie sabe qué nos espera desde ahora en adelante. Tal vez Camila Moreno se sienta hastiada de Chile, y, como muchos otros grupos más, se esconda en Mexico hasta 4 años más, cuando hayan elecciones. En verdad, es eso lo que quiere la derecha. Todos los artistas, pro-Arrate, MEO o Frei, serán presionados a cambiar de actitud. Saldrán las caras que se dieron vuelta la chaqueta y predominarán durante un tiempo.
Sin embargo, a pesar de su algarabía del principio, la derecha nunca ha sido capaz de convocar masas, y menos si no tienes a la herramienta fundamental que las atrae: La cultura. Eso sigue siendo un monopolio de la izquierda. Y aunque surjan grupos como CHC, que intentaron emular lo popular, y que ahora lo quieren reeditar, no podrán convocar a más gente. Casi nadie se siente identificado con la cultura que trae el nuevo gobierno.

Los turistas del festival folk de Newport -el mismo del escándalo eléctrico de Dylan el 65- la versión gringa de los cuicos de acá.
Eso de pensar que Los Jaivas, Quilapayún e Inti Illimani, y algo de Victor Jara y Violeta Parra son todo el folklore que tenemos, es un pensamiento superficial de los “niñitos de bien”. No basta con pensar que el pobre se pone contento cuando le hacen una mediaagua en verano y después, le donan los pesos del vuelto en el supermercado. Esa no es manera de pensar en la cultura y en los barrios populares, donde si se vive la historia. Aunque la educación sea pésima en lugares, lo más probable es que la mayoría de esa gente te sepa decir qué pasó en el 73 y en la dictadura. Te cuente de los libros que leyeron sus papás. Eso, que aprendes en tu casa, te marca y te domina. De aquello sacas los graffitis, la música, las letras, etc. Aunque predomine “Yingo” en la casa, siempre hay alguien que sabe, en carne propia, qué es lo que pasó, lo que pasa y lo que pasará.
Con ello, demostramos que el país sigue polarizado, que el cambio no llegó, sino que siempre ha estado así, y en el último tiempo vivimos la falsificación de este. Desde ahora en adelante abundarán los “barrios Lastarria”, que a pesar que se dicen culturales, su esnobismo lleva a que el dinero pese más y siempre sean exclusivos de la gente pudiente. La clase media y los pobres aguantarán en sus casas, con sus televisores, que es lo único que tienen de referencia educacional. Los chalecos tejidos y las guitarras acústicas pasaron de moda y serán guardadas en el armario de los recuerdos de los 20 años, y probablemente no salgan durante un buen tiempo. Adios cultura de siempre. Bienvenidos a la realidad. Donde la derecha no tiene en sus manos a las masas, pero si el poder que las manipula. El sucio dinero.
Cristobal estudia periodismo en la U. Católica y mantiene el sitio http://pumbaexpress.tumblr.com









Carlos
2 mess atrás
Que alguien que es discente en la católica venga a posar como del pueblo o no “cuico” por sólo tener una mentalidad izquier-odiosa es divertido. Extrapolar burdos gustos musicales a un análisis político-social es ya demasiado tendencioso.
Y la razón por la que la “cultura” es monopolio de la izquierda se debe a que ésta trazó como parte de su estrategia política ganársela apelando a la “sensibilidad” y “consciencia social” de los artistas (es decir, a su moralismo, no a su inteligencia), hasta tales extremos que sea un crímen de pensamiento no ser progre; es decir, que se sientan culpables. Eso sí que ha sido una conspiración, no como las ridículas aspiraciones que le atribuyen a ese “cuco” llamado derecha: que quiere que los “artistas” se vayan a México, que posan como fans de un grupo para luego echarlo abajo, blah blah. ¿Dónde hacen estos malvados derechistas sus mítines para funarlos por cometer esa herejía abominable de no pensar como progresistas, los únicos dueños de la fuerza moral en el mundo?
Yo no consumo ni me importa un bledo la música chilena, ni menos conocía a la Montero. Tampoco me alcanza para estudiar en la Cato ni para vivir en Santiago. ¿Dónde, entonces, encajo maestro pumba? ¿Entre los buenos o los malos?
Francisco
6 mess atrás
Estaba leyendo por pura curiosidad. Original punto de vista y divertido relato, aunque no me siento interpretado por tu forma de pensar. Los comentarios sí, son los tradicionales de cualquier reyerta electrónica, mejor abrir la cabeza.
fungivoro depredador
6 mess atrás
si.. livianito..
andrélo
6 mess atrás
livianito, livianito…
Tweets that mention La Juventud Derechista y el Folclore (o “Folk”) -- Topsy.com
7 mess atrás
[...] This post was mentioned on Twitter by Rodrigo H. Rojas D., Cristóbal Cartes, Cristóbal Cartes, Lucha Libro, natalia cid and others. natalia cid said: RT @luchalibro Vuelven Las Guerras Culturales.Hoy:La Juventud Derechista y el Folclore http://bit.ly/b0AXSg /¿q libros saldrán estos 4 años? [...]
macana
7 mess atrás
buenos y malos? todos somos los buenos de nuestras propias historias, si a uno le ofende la columna es que eres del otro bando, asi de simple. porque pensar en un mundo sin izquierdas ni derechas es de hippies sesenteros que al final igual terminaron siendo de derecha, o sea, de un lado (¿negro piñera dijo alguien?)
y victimizarse siendo de derecha es lo mismo que ha hecho siempre la izquierda, ¿y que tanto? tenemos miles de muertos y torturados que justifican nuestro berrinche
el mundo apolítico sin izquierdas y derechas era el ideal de pinocho, no el nuestro, prefiero mil derechas a que no existan. El equilibrio pleno y eterno no existe.
Félix F.
7 mess atrás
Sólo faltaría complementar que la historia que se repite como loro en las familias de los chicos que “salen del closet político” narra majaderamente “17 mil… 17 mil… 17 mil cubanos… 17 mil”. Y hacen charlas para recordárselos. En fin. Espero que mis tataranietos cambien Chile. Me esforzaré en mi descendencia para cambiar nuestro país.
vdm
7 mess atrás
Te queda grande el poncho Pumba. Demasiado maniqueísmo. Los buenos acá, los malos allá. Camila Moreno acá, CHC allá. No junta ni pega.
gscott
7 mess atrás
pumba eris mas facho que todas las juventudes udi juntas. Lo que verdaderamente pasó con la llegada de Piñera a La Moneda, es dejar en evidencia en galopante fascismo y odiosidad de la gente que se hace llamar de izquierda.