MAUS
RELATO DE UN SUPERVIVIENTE
Volumen 1. Mi padre sangra historia
Volumen 2. Y allí empezaron mis problemas
Art Spiegelman
Novela gráfica
(original 1980-1991, ver detalles acá)
En 1980 comenzó a publicarse, tal como la conocemos ahora, una de las novelas gráficas más celebrada de la historia. Maus, narra la historia de un hijo que intenta acercarse a su padre reconstruyendo su historia como judío destinado a los campos de exterminio durante la II Guerra Mundial. Pero pronto se despega del típico relato quejumbroso/idealizado para mostrar las profundas grietas emocionales del hijo por el suicidio de su madre, la demencia senil de su padre que oscila entre la ternura y el racismo y la amargura que da comprobar que el ser humano siempre estará más cerca del salvajismo que del heroismo. Y ambos volumenes se editaron por culpa de…¡Disney!
ÉCHENLE LA CULPA A FIEVEL. Maus se convirtió en libro por culpa de Disney. En 1986 Art Spiegelman (Estocolmo, 1948), su autor, se enteró que Disney estrenaría An American Tail: una fábula sobre unos ratoncitos judío-rusos que llegaban a America escapando de los gatos-nazis. “Tail” era un juego de palabras entre “cola” e “historia” (tail). En Chile se transmitió en televisión como Fievel: una historia americana. El problema es que Spiegelman llevaba quince años publicando LO MISMO. Primero como tira de tres páginas en el comic underground “Funny Animals” y desde 1980 -ya como Maus- en la revista Raw fundada junto a su esposa.
Y por supuesto, denunció a Steven Spielberg, “plagiador” de la idea.
Una idea tomada de la propagada nazi y explicitada en los epígrafes de ambos volúmenes: “Sin duda los judíos son una raza/pero no son humanos” (Adolf Hitler) y “El ratón Mickey es el ideal más miserable que jamás haya habido… Las emociones sanas le indican a cualquier joven independiente y muchacaha honorable que esa sabandija inmunda, el mayor portador de bacterias en el reino animal, no puede ser un tipo ideal de personaje… ¡Fuera la brutalización judía del pueblo! ¡Abajo el Ratón Mickey! ¡Usemos la cruz esvástica! (Artículo periodístico, Alemania, alrededor de 1935).
Así, cada entrega de Maus iba detallando la investigación de Art sobre la vida de Vladek, su padre, en la II Guerra Mundial. Un relato non fiction de un hijo sobre su padre y el pasado. Tal como los nazis dividían los individuos en especies, los judíos fueron ratones. Los nazis, gatos. Los estadounidenses perros. Los franceses, ranas. Los polacos…cerdos.
Spiegelman editó la compilación Maus a toda velocidad, antes que se estrenara la película Disney.
Y ése primer volumen llamado “Mi padre sangra historia”, marcó un hito dentro de la dignificación del comic como forma de arte. Donde, como señalaba un artículo de El Pais, “Maus hizo que los dibujantes dejáramos de ser unos apestados y subiéramos de categoría. Nos permitió dejar de ser contracultura para convertirnos en cultura”
SPIEGELMAN SANGRA HISTORIA. Sin embargo, las escenas más terribles -y temibles- de Maus son cuando sus personajes dejan de ser “animalizados” y se vuelven “expresionistas”. En el volumen uno, aparece “Prisionero en el planeta infierno (un caso clínico)”, una oscura tira -publicada efectivamente en 1972- que relata el suicidio de Anja, la madre de Art Spiegelman y la culpa que lo corroe, simbolizada en una carcel enrejada donde él está clama desde lo más profundo.
Vladek su padre-ratón encuentra la tira y le dice que se puso a llorar.
En el volumen dos, Art se muestra amargamente culposo por haber convertido a Maus en un éxito de ventas y de crítica. Y lo vemos escribiendo con una máscara de ratón y moscas volando a su alrededor. Hacia el final de la página vemos el acaso de editores y periodistas -en forma de globos de dialogo- y abajo, decenas de cadáveres de ratones.
Porque Maus jamás olvida decirle al lector que esto es una amarga metáfora cuya contradicción entre animalitos/brutalidad potencia el mensaje. Sobretodo en el volúmen dos “Y allí comenzaron mis problemas” cada cierto tiempo se rompe el relato “animalizado” para recordarnos que esto es un comic y que es el propio autor el que habla.
“Fue rechazado por todas las editoriales. Incluyendo la que finalmente lo publicó“, dijo Spiegelman en una entrevista.
VIÑETAS DE DOLOR REAL. En blanco y negro, y con una notable economía de recursos (“Si dibujo un árbol, tiene que haber una razón para hacerlo”, dijo el autor en una entrevista), Maus se distingue de otras obras que tratan sobre el Holocausto por su distancia. No es afiebrada y parcial como Joseph Bau (un sobreviviente del Holocausto que se conviertió en el “Walt Disney de Israel”), Tampoco ingenua como “La vida es bella” ni mitificadora como “La lista de Shindler”. Más que humor, es la distancia que toma Spielgerman frente a las miserias de su padre en Polonia y su demencia actual lo que le da potencia a Maus. Esta profundidad de campo otorgada por la distancia, la narración detallada y el recurso de la “animalización” hace que la historia de amor de sus padres sea capaz de desarmarnos. Como pasa también cuando el padre le dice muy tranquilo que quemó el diario de vida que su mamá había escrito expresamente para cuando Art fuese más grande.
También esta distancia ayuda a entender la tacañería enfermiza de su papá (es capaz de dejar el horno encendido para no gastar en fósforos).¿De qué otra forma podría ser, si estuvo casi un año ahorrando pedazos de pan para sobrevivir?.
Y ojo con la sutil referencia a Palestina cuando Art y su esposa hacen subir a un alegre afroamericano al auto y el padre se espanta, primero porque es negro y segundo porque está seguro que le va robar las cosas que compró en el supermercado (en verdad fue a cambiar unos productos que le había dejado su nueva mujer, sobreviviente del Holocausto como él, tras abandonarlo por su demencia senil).
También hay cierta forma de retratar a los personajes tanto en su conversión en “masa” (es muy difícil distinguirlos) como en sus rostros. Así como los animalistas sienten -muchas veces justificadamente- más dolor ante un perrito enfermo que una persona que pide dinero en la calle, ver a estos ratones, sapos o gatos siendo parte del horror es muy conmovedor.
Pero Maus es inagotable, los recuerdos de Vladek, los intentos de Art por superar su culpa, su hermano muerto en las cámaras de gas, la vida en Polonia (los polacos no quedan muy bien parados en general), el encuentro con un sacerdote católico en la cárcel, que sabía más de judaismo que él y que le prometió que iba a sobrevivir, el triste desgaste del papá, la segunda luna de miel en Miami, el engañoso final en el segundo volumen que, aunque no queremos adelantarles nada, es una regresión que sorprende incluso al propio hijo.
Y a nosotros.
Larga vida a Maus.
¿Y LA VERSION CHILENA?
Por Francisco Ortega, periodista, escritor y editor de Alfaguara. Experto en comic, ciencia ficción, culturalia pop y conspiraciones.
Siempre he pensado que Art Spiegelman escribió en MAUS un tributo a Mickey, algo así como su idea para la mejor historia del ratón más famoso del mundo jamás contada. Vale, en Fantasía, Mickey enfrentó al mismo diablo, pero como todos sabemos la magia y la hechicería al final sólo son un disfraz para el verdadero mal. Mickey usó rayos y conjuros, pero en las sumas y restas solo acabó siendo un héroe de cartón peleando contra villanos tan inofensivos como el lápiz con que estaban trasados. Mickey era de Disney y Disney fue un tipo complejo, Art Spiegelman le robó la idea del ratón humanoide, lo hizo en verdad humano y se burló de Walt enfrentándolo a un mal concreto, a un mal de verdad, a la vida misma. Las luchas de Mickey eran una broma, la de los protagonistas de MAUS también, pero la peor y más real de todas.
MAUS no es un cómic, ni siquiera una novela gráfica, es una biografía, una épica de la vida normal, la demostración más tangible, más concreta de que el cómic y algo tan intrascendente como un ratón antropomorfo puede servir para hablar de temas más grandes que la vida misma. MAUS nos platica acerca de dolor, de traición, de pena, de sueños, de horrores y de maldad, pero de maldad en serio, nada de invasiones alienígenas, ni villanos de sonrisas eternas. Los gatos en MAUS son imagen (ni siquiera reflejo) del mayor horror originado en la humanidad durante el siglo XX y los ratones pasajeros obligados de este viaje al infierno.
Del Holocausto, del nazismo, del sufrimiento de los Judíos se han escrito mucho, pero en ninguno de estos ensayos, novelas, guiones o cuentos se logró expresar de forma tan completa y tan dolorosa lo perverso de este periodo de la humanidad. Los ratones miran con desesperanza, los ratones cuenta su historia, su pena, su perdida, su delicado ballet con la muerte. A estas alturas el que MAUS haya ganado el Pulitzer y haya puesto a la narrativa gráfica a la par con la prosa da lo mismo, no vamos a hablar ahora del lugar que merecidamente se ha ganado el cómic, lo importante acá es la historia que nos han contado a lo largo de estos 30 años… Y esa historia, esos ratones, ese espejo realista de Mickey sigue calando hasta los huesos. Como Paracuellos de Carlos Gímenez, por lejos el mejor retrato de los sufrimientos de la España franquista o Persepolis de Marjane Sartrapi, el cómic tiene esa virtud: la pausa de la literatura y la imagen del cine juntas, al final el mejor soporte para hablar de cosas importantes: la velocidad de la hoja aguanta más las lágrimas que el trote del celuloide. La historieta hace mucho rato que nos esta revelando el mundo, o no es acaso la triada V de Vendetta/Watchmen/Dark Knight Returns el mejor vuelo de reconocimientos a las formas y maneras de la era Reagan-Tatcher. O no es acaso El Eternauta, con su idea de las familias como “robinsones en su propia ciudad”, un prólogo profético a lo que se vendría en argentina y Chile en las dictaduras de los 70 y 80 (si a eso sumamos el destino de su autor, Oesterheld, la sincronía es macabra).
Y más cerca. ¿No dicen más las tiras cómicas de Hervy o los relatos vertiginosos de Trauko, Matucana y Beso Negro más de la era Pinochet que cuanto disco de los Prisioneros, película, serie, documental o novela se escribió sobre esos años? Vale, puedo parecer un dogmático del cómic, pero es parte de la idea de esta columna, escrita a la rápida y pensada recordando la primera lectura de MAUS. Ratones/judios perseguidos por gatos/nazis, esa era la idea, la metáfora, la imagen y la acción.
MAUS, 30 años no son nada, si nunca lo has leído, no sé que haces perdiendo tiempo leyendo este blog, descárgala ya o si puedes cómprala, te vas a hacer un favor. Parentesis final: si supiera dibujar haría una portada falsa de MAUS a la chilena, se llamaría GUAREN, el ratón protagonista llevaría por nombre Nelson y todo ocurriría en el Estadio Nacional en 1973. Los gatos y perros llevarían botas negras y bigotes mal recortados, la única diferencia es que mientras los gatos de Spiegelman terminaron muertos y encerrados, los de GUAREN seguirían gordos, fofos, lentos y viejos por muchos años más…. y lo que es más grave, sin la valentía y los cojones como para pedir perdón.
http://fortegaverso.blogspot.com/
Maus, lamentablemente sólo está disponible en Chile por importación. Pero eso no impide encontrar los dos volúmenes compartidos por quienes si adquirieron las ediciones en nuestro idioma.
Todos los libros reseñados en LuchaLibro acá.







Tweets that mention 30 Años de “Maus” -- Topsy.com
1 month ago
[...] This post was mentioned on Twitter by Francisco Ortega, JCRF, Kojima Iriguchi, Luis San Martín, Lucha Libro and others. Lucha Libro said: Title URL : 30 Años de "Maus" http://www.luchalibro.cl/2010/01/26/30-anos-de-maus/ [...]
30 años de Maus | CRASHBOOMBANG
1 month ago
[...] esto salió, y hoy en la noche le sumé una buena columna de Francisco Ortega que enganchó con mi [...]
Jude
1 month ago
Ortega: Copión! xD
30 AÑOS DE MAUS « Fortegaverso
1 month ago
[...] años más…. y lo que es más grave, sin la valentía y los cojones como para pedir perdón. Un buen artículo sobre MAUS en Lucho Libro Dejar un comentario Aún no hay comentarios por mucho Dejar un comentario Suscripción RSS a [...]
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