Llegan Los Poemas de José Donoso

January 21st, 2010 @ LuchaLibro

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POEMAS DE UN NOVELISTA

Prólogo de Jorge Edwards

José Donoso

Bartleby Editores

Madrid, 2009

98 páginas

Poesía

Esta es una compilación de textos escritos en el autoexilio español de José Donoso. Específicamente en Sitges, Madrid y el pueblecito de Calaceite, entre 1972 y 1976. “Los fui metiendo en un cajón aunque nunca muy lejos de mi mano, de modo que ésta a veces cansada, con frecuencia impotente para enfrentar las monstruosas exigencias de la prosa, huía hacia ellos, se refugiaba en ellos: mirarlos, cambiar un adjetivo por otro menos vistoso, eliminar asonancias o introducir una, tirar al basurero lo que parecía definitivamente inservible, ir agregando cosas -a veces poemas enteros ligados a otros- jasta que con los años fueron adquiriendo su forma actual“, confiesa en el prólogo de 1981.

Allí intenta trazar una especie de justificación sobre su vocación poética. ¿Sentiría que como novelista ligado al boom, debía dar explicaciones?. Es revelador que inmediatamente compare novela con poesía, destacando  en esta última su intento por quitarle la “escenografía”, visual y emocional. “He leído suficiente poesía para saber que este (el escenario) no es el único criterio para juzgarla y menos la única meta, sin embargo es lo mío: tal vez porque mis novelas sen tan aparatosamente metafóricas, tan sobrepobladas y gregarias y coloridas y ambicionen abarcar tantos niveles de la experiencia, a través de los años que me he ido refugiando, de vez en cuando, en estos poemas que tan poco tienen de metafóricos y aparatosos. Aquí no he transustanciado nada“.

Poemas de un novelista no está organizado temporalmente. Más bien es un viaje en el tiempo, que la da cierta intencionalidad a las piezas -tristes, hastiadas y maravilladas al mismo tiempo- de Pepe Donoso: “Diarios de invierno en Calaceite (1971-72)”, “Tres poemas de 1952″, “Madrid, 1979″ y “Retratos (Sitges, 1977)”. Además se incluye un anexo con fotografías de la época.

Si bien reconoce la cuota de narcisismo de publicar estos poemas, dice que no puede sacárselos de encima. De verdad, es interesante que un novelista encuentre tal grado de refugio en el género lírico. Como si en esa contradicción entre economía del lenguaje y profundidad semántica, Donoso haya encontrado alivio. O como dice Jorge Edwards en el prólogo de esta edición: “La mejor explicación de esta poesía está en el prólogo del autor”.


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Veo morir cosas.

Borrarse las facciones prestigiosas

de la piedra y del agua.

El pájaro lanza su cinta al aire

y se inmola en la distancia

o repetido en otro pájaro.

Innumerables,

las campanas imitan otros años;

con su insistencia

en el abecedario del placer y del afecto:

ante la opulencia cadenciosa con que crece el día

soy lo que no hice, lo que no hago, lo que no haré

La gente viaja, me cuentan.

O se queda, cuando se halla

entregada a cosas exultantes,

aquí imposibles

El instante todo lo corta.

Queda suspendido, silencio, nada

-cuando la piedra se borra,

cuando se pierde el vuelo-

y mi tiempo se elimina,

suplantado, reproductible,

ante el espejo que devora

la arrogancia del instante único.


De Diario de invierno en Calaceite (1971-72)


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POEMA 1


Los ojos de la tarde están llenos de asombro

y un abrigo de nubes ahorca el asul.

Una chimenea sola, un pájaro

señalan la tarde de descarnado abandono.

Confío en el lenguaje de las cosas mudas.

¿Ves los caminos vanos? ¿Ves la inmensidad?

El acento mío se perdió en un arrebato

que quiso ser vela y luz y playa…

Un cerro hiere la tarde enceguecida

de donde huyen poco a poco el fuego y el clamor.

Qué torpe ascendencia tuvo el riel que no quise.

Mira que alegre estoy, desnudo en este recinto sin sol.


De Tres poemas de 1952


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LIBRO


El olvido como forma de pasión:

callar, hacer sitio

para que otra cosa

crezca.

La tela desteñida del invierno

cobija los proyectos.

Planes distintos trastocan la intriga.

Los habitantes se van.

inauguran vendavales, intersticios.

Se cuelan polvaderas, arena, hormigas.

No queda ni una voz,

ni una historia contándose

detrás de los postigos.

El intercalo derrota la nostalgia:

nacen cosas.

El candado clausura

los sillones apilados

transidos de lluvia.

Hay vida:

olvido, vida, olvida.

No importa que no recuerde

el agasajo de otra dulce piel

ni el espacio de la lucidez

basta la página abierta

en un alféizar que no recuerdo

o no conozco.

Eso permanece


De Madrid, 1979


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Poemas de un novelista se encuentra en la librería Gonzalo Rojas del Fondo de Cultura Económica, Paseo Bulnes 152, Santiago.

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