¡Gózalo León!

December 22nd, 2009 @ Lucha Libro

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Gonzalo León recopila sus últimas crónicas domingueras y arma una explosiva colección de cuentos, todo en medio de la muerte de su madre.

La Puta Que Me Parió

crónicas

Editorial LOM, 2009

Un Imbécil Leyendo a Nietszche

cuentos

Calabaza del diablo, 2009

foto13La escritura de Gonzalo León opera en varios niveles. Primero, como cronista de “A Sangre Fría”, la ya “clásica” sección de LND donde se infiltra en eventos, molesta a la gente y junto a su fiel fotógrafo Alvaro Hoppe retratan las extrañas mutaciones de la chilenidad. Segundo, como agitador cultural en las columnas en La Punto Final traspasadas a su blog personal Gózalo León. Tercero, su apoyo a la literatura no corporativa desde La calabaza del diablo y publicaciones independientes. Y finalmente, como escritor a secas. Así, La Puta que me parió (Lom) y Un Imbécil Leyendo a Nietzsche (La calabaza del diablo) son dos libros publicados simultáneamente. Uno de crónicas y el otro de cuentos, separados estilísticamente y unidos por la muerte de su madre, como él mismo reconoce. Y digámoslo de una vez: Gonzalo León es un tipo talentoso. Basta leerlos, al mismo tiempo y entender que hay un personaje (“León”) y un autor (Gonzalo León) y que ambos están en proceso de duelo. A su manera. Es curioso: todos los artículos sobre él destacan su tartamudeo. Nosotros ni nos dimos cuenta, porque este León habla hasta por los codos.

-No todos los escritores pueden ser tan versátiles y demostrarlo…

-Si, pero que los libros hayan salido juntos fue pura casualidad. La Puta Que Me Parió estaba listo a mediados de año, pero decidimos postergarlo hasta fin de año. Y terminó coincidiendo con el libro de cuentos. Los veo como distintos y complementarios. El primero fue escrito antes de la muerte de mi madre. La época cuando terminé con mi chica Trostkista (nota: personaje femenino silencioso y recurrente en sus crónicas) y mis padres después de treinta años de casados se separaban. Entonces el hilo del libro de crónicas era la idea de “la narrativa del desastre chistosa”.

1leon-Son libros que rodean el duelo, entonces.

-Sí. Son complementarios. Las crónicas son los hechos que llegan hasta la muerte. Los cuentos son el duelo en sí.

-Los cuentos de Un Imbécil Leyendo a Nietzsche son totalmente distintos a tus crónicas. Con otro ritmo, forma de narrarlos y profundidad comunicativa. Esa desmarcación de LND ¿Fue a propósito?

-Es que yo no escribía desde “Orden y Patria” (2001). Yo no soy de escribir “cuentos sueltos”, sino “libros de cuentos”. Escribo para un libro. Eso te exije orden, y yo soy muy pajero (se ríe). Los artículos del domingo son distintos. Se tiende confundir la idea de crónica…

-¿Cómo se malinterpreta el concepto crónica?

-Porque no se trata de ir a un evento y simplemente contar lo que paso ahí. Eso es un “vivencial”. Vas, lo experimentas y lo cuentas. Sin ninguna estructura, aparte de la convencional para presentar un artículo. La crónica es estructurada, con escenas, donde intentas comunicar algo. Eso intento hacerlo yo. Por ejemplo si estoy entrevistando a alguien, me separo de él y más tarde vuelto a hablar con él, dependiendo de las necesidades del artículo puedo fusionarlo como una sola conversación. No voy a ponerme a explicar que me lo dijo en momentos distintos si no es necesario.

-La crónica al final es una narración, no sólo la vivencia del periodista contada en primera persona.

-Exacto. Y tengo claro que “León” es un personaje. No soy yo. Lo utilizo para lograr generar empatía con la gente y la situación. Y es más entretenido así. Entender eso clarificó a la hora de escribir y estructurar las crónicas. Lo importante es poder desarrollarse al margen del personaje y no dejar que él te maneje. La táctica es que el personaje salga a través tuyo. Que seas siempre consciente. Como los actores: tú estás en el personaje.

gozalo leon-Pero en las Escuelas de Periodismo hay una neurosis por la reproducción del hecho exacto. La idea de la objetividad, sin el acompañamiento de la narración que al final los mismos alumnos terminan defendiendo…

-Y al final todo es literatura y por ende una construcción. Es imposible escribir algo que no sea ficción. Toda la prensa es ficción. Piensa, además, en la forma que se narran los hechos, incluso en las comunicaciones de los profesores a los alumnos. Los memorandums. Las cobranzas y despidos. “Estimado señor, nos vemos en la necesidad de…”. ¡Eso es narrativa, es ficción! Construir un mensaje, racionalizar una tarea, eso es ficcionar.

-A todo esto, ¿Cómo llegaste a LND? ¿Tuviste alguna oposición al principio?

-Llegué el 2004, Boris Bezama, el editor me propuso escribir ahí. ¡Y claro que hubo resistencia! Mi primera historia era de las Viejas Putas. Generalmente todos los reportajes que se venden a los medios tienen que ver con la contingencia. Pero esta historia yo ya la tenía hace mucho tiempo. También estuve corrigiendo columnas. Leía lo que escribía Carlos Larraín y al principio me dedicaba a hacer corrección de estilo. Pero al final terminaba reescribiéndole sus columnas.

foto león-Ahí entramos al escabroso tema de la ética periodística, sus deberes y responsabilidades…

-Las Escuelas de Periodismo están colapsadas por la ética. Desde el primer año te formatean con una sola clase de periodismo. Quizá para evitar males pasados. Pero al final terminan creando una crónica sin sustento literario. Por eso te decía que hay que diferenciar el “vivencial”, la “crónica informativa” y la “crónica” en sí.

-En Un Imbécil… hay un cuento muy bueno (“Tarado”) donde dos idiotas quieren acabar con la literatura chilena…

-Sí. Para hacer el escritor que ellos odiaban, pensé en Alvaro Bisama. Después decidí no identificar nombres, porque sería hacerlo muy contingente. Y es esto es un cuento, no una crónica.

-Pero leyendo tu blog y columnas como esta está claro que tú también tienes una opinión crítica sobre el mundillo literario nacional…

-Yo una vez escribí un texto sobre Roberto Bolaño, donde reconocía que no lo había leído, lo que generó una polémica. Si te fijas, en Buenos Aires, Bolaño nunca llamó la atención, porque ellos ya tenían a Borges. Es decir acá, la metaliteratura sorprende. O el formato policial llevado a la alta literatura. Yo creo que hay que leer lo que está saliendo. Y escribir en chileno.

-¿Crees que muchos escritores jóvenes escriben en castellano neutro… como doblaje mexicano?

-A mí me dijeron una vez que escribía muy chileno. Puta, gracias, dije. Yo creo que si escribes debes hablar del país, aludir a Chile y por ende escribir en Chileno.

-La influencia de los noventa, de la Biblioteca del Sur parece haber hecho bastante daño…

-Mis amigos escritores, cuando chicos, estábamos alejados de esa onda. Creo que uno tiene derecho a la disidencia


La Puta Que Me Parió: Cómo caer con elegancia


La puta que me parió gonzalo león portadaLas crónicas periodísticas son mucho más que ir al lugar de la noticia y contar lo que pasó en primera persona. O descasetear y creerse objetivo por eso. Más bien es un ejercicio donde la contingencia permite la confesión y a la vez el involucramiento del lector. Eso se hace poco. Es más fácil practicar el ombliguismo, esa molesta “primera persona ganadora” donde el cronista se proyecta como un ser intelectualmente poderoso. Gonzalo León, o más bien “León” explora lo peor del Chile post-Pinochet en esta compilación de artículos enriquecidos con el making of, es decir el entorno en el que preparó estas piezas periodísticas. Así, no sólo nos enteramos del concurso Mister Gay, los punk antisistémicos que le toman fotos al pobre Álvaro Hoppe o cómo son las reuniones de los viejos pinochetistas, sino que también vamos conociendo las pellejerías de “León” en la calle Mosqueto, cuando lo molestaban en el colegio o sus problemas con la chica Trotskista. Capítulos como “Las cosas este año no se ven bien” o “Libros, literatura o demagogia” son reveladores de un personaje que asume su decadencia, mientras el resto de los cronistas intentan demostrar lo inteligentes que son. León es un lector de primera línea (su recurso de parafrasear autores antes de explayarse, nunca llega a molestar) y por ende sabe como caer con dignidad, aunque ni él se de cuenta. De hecho en LuchaLibro lo encontramos más parecido a Chuck Klosterman que al Bukowski que varios críticos insisten en comparar. “En Chile, desconozco la realidad laboral de otros países, el jefe o empleador espera que el trabajador o subalterno lo cornetee de vez en cuando. Lo extraño de esta situación es que rara vez el trabajador o subalterno reclama, porque sabe que debajo suyo siempre hay alguien, institucionalizando de esta forma el corneteo. En un medio de comunicación, por ejemplo, el director espera que todo el mundo lo corneteé, los editores esperan lo propio de los periodistas, los periodistas de los estudiantes en práctica y los estudiantes en práctica de los simples estudiantes de periodismo”, reflexiona en “Política, el arte del corneteo” (con epígrafe de Coetzee: “nacemos súbditos”.

Un Imbécil Leyendo a Nietszche: Cómo Destruir La Modenidad Chilena


portada un imbecil leyendo a nietzsche Al principio parece una novela. “Fragmentos de una madre”,  “Fuera del tiempo” y “Calas en el Purgatorio” parten de una situación terminal. La muerte y la inocente mirada de un niño. Sobretodo el tercero, con ese ambiente irreal de un Hospital donde la fantasmagórica anciana repite lo que su hijo le decía “mamá, se da cuenta que Chile ya no es Chile, sino otro país o una ficción de país, y a esa ficción nosotros, los muy pendejos, llamamos modernidad”. Recién ahí nos damos cuenta que es una colección de cuentos, donde la muerte deja paso a la infancia. Una niñez patética, con compañeros molestando o padrastros toqueteando a sus sobrinos (y éstos confundiendo esa sensación con la seguridad que los padres no dan). Después pasamos hacia el esperpento (“Las gordas”) con dos tipas que enseñan los secretos del adelgazamiento aprendidos en Buenos Aires. O esa especie de Benjamin Button que es “La Vida de Carlos Tromben y otros cuentos”, donde el protagonista empieza a hacerse niño para escapar de su futuro. También hay un Chile apocalíptico e hiperventilado (“Los Torturadores”), predicadores callejeros que no saben pronunciar “primogénito” (“Inigérito”) o artistas que fingen su homosexualidad (“El Artista Hétero”) para no ser disciminados. Todo a alta velocidad, máximo cinco carillas y pasamos al siguiente relato. Esta corte de los milagros que es efectivamente el Chile bicentenario, llega a una explosión con “Tarado”, donde un par de pobres escritores deciden boicotear un lanzamiento de un afamado escritor. Uno se llama Retrasado y asegura que “la literatura es un malentendido”. El otro era Tarado, que creía que la literatura nacional era una mierda y por eso en cuanto podía comía caca: quería integrarse a la industria cultural. Pero ambos planean hacer estallar el cóctel de lanzamiento. Es ahí, con esa reunión del mundllo literario, donde los que se odian se saludan afectuosamente, para pelarse más tarde, donde las críticas son hechas con zaña (o sin leerse el libro), donde importa la cantidad de contactos que la emoción que puede provocar un montón de palabras juntas, ahí nos damos cuenta de todo: lo pasamos bien leyendo a Gonzalo León. Y aunque por lo visto en la blogósfera, no es una opinión muy popular: sus textos sí tienen algo que decir. Algo raro en esta ciudad letrada llamada Santiago.


El blog de Gonzalo León acá.

La foto del hueso es de Álvaro Hoppe