Jackson Curtis (John Cusack) descubre durante un picnic en el parque Yellowstone que Estados Unidos sabe que el mundo se acabará en unas horas. Y debe correr junto a sus hijos, ex-esposa y novio de la ex-esposa a un lugar seguro… ¡en China!
Por Andrés Estay / luchalibro@gmail.com
Hay razones serias, o al menos inquetantes, para visualizar 2012 como un año especial. O eso es lo que nos quiere convencer gente como Lawrence Joseph, notable periodista que se sumergió en la cultura maya y el diálogo científico intercontinental para asegurar que la conjunción de planetas de ese bendito año es la misma que acabó con los dinosaurios.
2012 se hace cargo de esta nueva paranoia americana tras el fracaso del 2YK y el -irónicamente inesperado- 11 de septiembre estadounidense. Lo interesante que es mientras el Vaticano, a través de L´Osservatore Romano se espanta ante la propuesta del filme, su director y experto en catástrofes Roland Emmerich dice muy suelto de cuerpo: “2012 está tan fuera de lo real que te tienes que reír de ella. Es el fin absoluto, no hay nada después”.
Efectivamente, 2012 funciona en un nivel paródico. Que John Cusack pase de novelista a héroe de acción (y salte de una camioneta que cae al precipicio hacia un helicóptero) o que el presidente de Estados Unidos (Danny Glover) se asuma como mártir, sólo delata que este es un producto hecho para entretener y que no hay que tomarse muy en serio. O más bien, entrar en el juego fantástico de esta catástrofe. Pero bueno, eso es el cine ¿no?
Pero -y ésto es lo verdaderamente inquetante de 2012- los señores del Vaticano no son tontos cómo imaginan ciertos colectivos sociales. Ellos intuyen que tanta espectación y placer ante las imágenes de San Francisco, Washington o Sao Paulo (aunque en verdad se ve desde un televisor) convertidas en un orgía de destrucción es más que sospechoso.
Si bien en 2012 hay una mirada específica en torno a la conspiranoia a través de Charlie Frost, un investigador desquiciado (interpretado por Woody Harrelson) que le muestra recortes de prensa con científicos asesinados tras revelar información reservada, la tesis de la película son los apetitos del espectador. Emmerich es cauto y dice: “En 2012 planteo la siguiente pregunta: si sabes que el mundo se va a acabar, ¿qué salvarías? Al final lo que salvas o no se convierte casi en un concurso de popularidad.”
Pero el asunto va más allá. 2012 “aterriza” la narrativa conspiranóica. Ya no es el héroe descubriendo que el mundo real es un engaño y que vive dentro de una Matrix. Acá el engaño es la información privilegiada. Incluso podemos aventurarnos y decir que si antes del 2000 fantaseábamos con vivir una “realidad” de mentira, ahora estamos seguros que el engaño está en la uniformidad de los medios de comunicación. Ahí tienen la Gripe Porcina y La Crisis Económica instalados como tema de moda de la temporada anterior y que ahora sorpresivamente abandonó las pautas al menos en Chile. No por nada, Frost monta una página de internet, el único territorio donde las teorías conspirativas (y obviamente, sus contrateorías) son comunicadas y discutidas.
El último aspecto notable de 2012 son las colas para verla. Lo que delata el interés por ver al mundo destruyéndose. Porque 2012 capitaliza el ansia de ver a este planeta cayendo en mil pedazos y la mentalidad conspiranóica-oficialista estadounidense. Por suerte, Chile y Argentina quedan al margen, como siempre.
2012. Director: Roland Emmerich. Con: John Cusack, Amanda Peet, Danny Glover. EE.UU., 2009.158 minutos. T.E. (más)
2012 se exhibe en Cine Hoyts. Ver funciones acá









November 12th, 2009 @ LuchaLibro
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