Un periodista de 29 años llega a la revista Spin y vende un tema: rockeros muertos en territorio estadounidense. Después agarra un auto y mete 700 cedés para escuchar en el viaje. Pero en lugar de escribir la historia “épica”, que le pidieron, intentará solucionar su vida, utilizando el suicido y los accidentes de músicos como metáfora privada.
I. Una historia americana
“En la oficina de Spin es siempre la primavera de 1996; allí será la primavera de 1996 para siempre. Del mismo modo, todo el mundo que trabaja allí parece a) un integrante de la banda de rock Pavement o, b) una chica que en alguna ocasión salió con un integrante de la banda de rock Pavement. La primera vez que entré en la redacción, tres tipos, sin razón aparente alguna, estaban hablando del viejo rockero J. Mascis, y uno de ellos describió su movimiento de cabeza al tocar la guitarra como “mordaz”. Acababan de volver de almorzar. Eran las tres y media de la tarde. Yo era la quinta persona más vieja de todo el departamento editorial; tenía 29 años”.
Tal como las señoras burguesas leyendo a Pablo Simonetti o los universitarios aspirantes a escritores con Bolaño, antes del terminar el primer capítulo de Pégate un tiro para sobrevivir uno ya está rendido. Apenas empieza el libro y este Klosterman provoca esa rarísima sensación/ilusión de ser tu amigo, de esos que puedes invitar a un bar o salir junto a tu novia sabiendo que nunca la agregará a Facebook.
El periodista había llegado de Ohio a Nueva York y ofreció el tema de las muertes en el rock., pero en territorio estadounidense. Un proyecto que lo llevará a viajar por todo Estados Unidos. La primera parada está al lado, en el Chelsea Hotel. Allí deberá entrevistar a gente que conocía a Sid Vicious y su novia Nancy Spungen. Como se sabe el “músico” la mató y luego se suicidó. Después agarra un auto, mete 700 cedés y, en lugar de escribir la historia “épica”, va a intentar solucionar su vida usando el suicido rockero como metáfora privada.
Y entonces uno googlea su nombre y no queda más remedio que terminar la novela.
II. Road Movie Sentimental
Pégate un tiro es como una road movie hecha novela y protagonizada por una mezcla entre Woody Allen y el John Cusack de Alta Fidelidad (o bueno un Nick Hornby menos mamón). Pero a la vez, es un reportaje que desentraña las historias de músicos que han perdido la vida de una manera tan fatal que ni siquiera se han vuelto más famosos después. Como Great White o Lynyrd Skynyrd. Y finalmente, en otro nivel, está la crónica del fracaso social. O al menos de cierta confusión del fin de la juventud (y el no-éxito capitalista) que, obviamente en Estados Unidos, no se traduce en cuentas impagas sino en no ser feliz.
Esa misma sensación que provocaba el protagonista de La historia de mis fracasos sexuales recorre sus estaciones desde Menphis visitando el monumento al día que murió la música (cundo se estrelló el avión que llevaba a Buddy Holly, Ritchie Valens y Big Booper) hasta Seattle reconstruyendo el mito de Kurt Cobain.
“(…) el suicidio de Kurt Cobain es de una nueva variedad posmoderna: su muerte cambió la historia de los vivos. El suicido le aportó profundidad a las chicas de las hermandades universitarias, un alma a los chicos punks y nihilistas, y cerebro a los amantes del aggro metal*. Lo único que había que hacer era recordar lo mucho que te interesaba Nirvana, a pesar de que no fuese así (…) Kurt Cobain fue ese chico (popular por una parte, impopular por otra) que tuvo que pagar por los pecados de tu personalidad”.
Esta prosa “dicharachera” (no se me ocurre otro término) acompaña reflexiones insólitas como el Kid A adelantando el desastre de las Torres Gemelas o que el sexo es 90% ilusión. Obviamente las americanas no lo entienden y terminan con él, por raro. Pero nosotros terminamos odiandolas a ella, porque este Klosterman es un buen tipo. Nadie que encuentre el punk una idiotez puede no serlo. Aunque reinvidinque como única excepción a The Clash (“de 1977 a 1982″).
“Pégate un tiro para sobrevivir”, Chuck Klosterman. 2006, Mondadori Reservoir Books. España. Original en inglés: Killing yourself to live, 2005.
*en la traducción española dice “heavy metal reformado”.


















pal sur curt hizo su parte también, como democratizar las zápatillas tigre, el chaleco de baja lleno de hoyos “naturales”, interestamentalización de la depre. anywayz en esa ondita me simpatiza mas que scot weiland y su bailecito copia entre jim morrison y mick jager.