Cinco Tesis Sobre The Kinks.

September 19th, 2009 @ Lucha Libro

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kinks-roof

Por J.C. Ramírez Figueroa / luchalibro@gmail.com

Los Beatles son al rock lo que el Papa al catolicismo, si se me permite la comparación. Lo terrible es que mientras los católicos admiten cierto grado de crítica o pensamiento disidente, cada disco de los “fab four” pertenece a la categoría ex catedra.

Con los de Liverpool todo es divino, historico, insuperable. Esto incluye no sólo su carrera oficial, sino las maquetas rechazadas por el sello Decca, inmmuerables reediciones antológicas y ese mashup que fue Love (2007). El discurso dominante es que ellos ENCARNARON LA REVOLUCIÓN de los sesenta que influyó el destino de la música popular. Una verdad revelada e incuestionable.  Así, cada melómano del rock/pop -o digamos, gente que escucha discos pop y compra revistas o lee blogs- ha internalizado ideas fuerza como:

a. The Beatles evolucionaron en cada disco, adelantándose a todas las bandas de su tiempo e inventándolo todo incluso separarse (1)

b. Su historia está ordenada por episodios como si fuera una novela o película (2)

c. Fueron la voz autorizada de los años sesenta

d. Canciones como “Yesterday” o “Let it be” son patrimonio de la humanidad

e. Nadie los superará jamás.

Engañosas en su simpleza de “cliché”, estas ideas –esparcidas por fans, managers y prensa especializada– esconden un fondo perturbador y reaccionario: con The Beatles, la música popular llegó a su cima y cualquier obra ajena a su discografía,  ya nace devaluada.

Pero hay una cuenta pendiente entre los de Liverpool y The Kinks (3).

De izquerda a derecha: Pete Quaife (bajo), Dave Davies (guitarra), Mick Avory (batería) y Ray Davies (voz y guitarra).

Si comparamos sus hitos discográficos veremos que el mayor talento de los Beatles -junto a George Martin-  fue capturar los “hypes” (tendencias) y convertirlos en buenas canciones. Esa fue la clave y no el insistente mito de haberse “adelantado” creativamente a los demás, como veremos más adelante.

El mayor error de los Kinks, por otro lado, fue trabajar con una red de apoyo precaria (Sello Pye, el manager Shal Talmy) y no haber trabajado lo suficiente una imagen de marca.  Y esto no solo incluye trajes. También tiene que ver con presentar arquetipos de personalidad en sus integrantes, tomarse buenas fotos, decir frases encantadoras en las entrevistas. Este descuido es grave, si entendemos que el rock se propulsa por el culto a la personalidad y la estética. Quizá los Kinks se confiaron en que el orden era al revés: primero canciones, luego la imagen.

A pesar, de todo, sus canciones -tengo la sensación- incluso hoy no han sido valoradas del todo.

EL DESPERTADOR DE LA INVASIÓN BRITÁNICA. “You really got me” (agosto, 1964) transgredió las pautas del pop inglés, más que “She loves you” o “I want to hold your hand”. En esos meses los Beatles seguían fascinados con el sello Tamla/Motown, el viejo rock and roll y el segundo disco de Bob Dylan. Los Rolling Stones aun no tenían un repertorio propio y el resto de la “invasión británica” seguía pegada al mersey beat o el r&b, a excepción de otros subvalorados, The Zombies.

El riff seco de Dave Davies heredero del garage estadounidense de The Sonics o The Kingsmen (especialmente de “Louie Louie” hit americano de 1963) hizo que The Who dejaran de mirar a Lennon/Mc Cartney y empezaran a imitar el “sonido Kinks”.

Tres meses después The Beatles sacarían “I feel fine” con el característico feedback de la guitarra de George Harrison. Y aunque los Kinks siguieron repitiendo el truco en “Till the end of the day” o “All day and all off the night”, se aburrieron prontamente.

Cuando a fórumula se replicaba en éxitos como “Wild thing” (The Troggs, 1966) o “Hello i love you” (The Doors, 1967), ellos ya estaban tomandole fotografías a un Londres que se caia alegremente a pedazos. Curiosidad, Davies tiempo después demandandó a la banda de Jim Morrison años y ganó.

LA TERCERA PERSONA DE RAY DAVIES. Nadie escribió tan buenas letras como el lider de los Kinks. Cuando la mayoría de las bandas seguía hablando de amor o de fiestas o incluso de sexo camuflado, él se la jugó por personajes, decadentes, tristes, queribles.

Como el hombrecito gris de “A well respected man” (octubre, 1965) (Porque se levanta temprano/ y va a trabajar a las nueve/ y vuelve a casa a las cinco y media/ Siempre toma el mismo tren/ Porque su vida gira en torno a la puntualidad/ Nunca falla). O el mod de “Dedicated follower of fashion” (febrero, 1966) esclavo de la moda y la elegancia. O el tipo que elegió el suicidio social y se proyecta en el atardecer y una pareja de enamorados –¿Terence Stamp y Julie Christie?– (“Cada día contemplo al mundo desde mi ventana/ el atardecer más gélido/ el ocaso en Waterloo es hermoso”). O las hermanas Sylvilla y Percilla, la primera se mira en el espejo y la segunda recibe el reflejo de la lavadora en “Two Sisters” (disco Something Else, 1967). O el homoerotismo de “Lola” (junio, 1970) aquella extraña mujer que daba abrazos “de hombre”.

The Kinks dirigían la mirada hacia la crónica, los individuos, el cansancio cósmico de vivir. Mucho antes que aparecieran Eleonor Rigby o Miss Amanda Jones.

FIN DE JUVENTUD. La generación post-punk y new wave, era cínica sobre el aporte del  rock clásico e incluso del mismo punk (4). Sin embargo hay casos como The Pretenders que en su debut homónimo de 1979 grabaron el cover “Stop you sobbing” y en el siguiente, Pretenders II (1981) hicieron la increíble “I go to sleep”, un tema que Ray Davies terminó cediéndolo a Cher.

Y, bueno, Chrissie Hynde la lider de la banda se casó con Davies, separándose unos años después, en una de las relaciones tormentosas de la historia del rock.

Es que hay una conexión entre el nihilismo renovadl del postpunk y el aislamiento como eje narrativo de los Kinks, la idea de renunciar a los demás para salvarse: “Im on an island” (del Kinks Kontroversy, 1965), “I`m not everybody else” (lado b de “Sunny Afternoon” de 1966) o la reveladora “Rock and roll fantasy” (1978), donde Daves hablaba de su elección de armar una banda y cómo se sentía al mirar a sus viejos conocidos que no lo siguieron.

Mientras los Beatles llamaban a unirse “All together now”, The Kinks eran profundamente desconfiados del “otro”. Pero no desde la infantil postura de la rebelión ante los padres (teenage angst), sino desde como una elección voluntarista. Como el personaje de Adam Sandler en la fallida Reing over me (Mike Binder, 2007) que, para elaborar su duelo, tras perder a su familia que viajaba en uno de los aviones que chocó con las torres gemelas, decidió no hablar con nadie y cruzar Nueva York escuchando a … ¡The Pretenders!

EL TIEMPO PERDIDO. Lo anterior nos lleva a la “ausencia” del significado, camino difícil en que se interna la banda para hablar de una Inglaterra que ya no existe. O quizá nunca existió, pero que su misma idealización es una protesta ante la idea de “presente” (que curiosamente dominaria todo el britpop de los noventa). Una nación trabajadora, de gente buena, creyente. Cuando sacaron el Village green preservation society (1968), la dimensión comunicativa Beatle era una vaga espiritualidad hindú, un panteismo centrado en el amor y contrariado por lass disputas de sus integrantes. Los Stones, hacían apología de la destrucción en el Beggars Banquet y la mayoría de las banda se limitaba a los experimentos psicodélicos o aumentaban la distorsión de su heavy blues como Led Zeppelin o los barrocos Deep Purple.

Pero The Kinks hablaba de “regresar al Village Green”, de cuidar los valores morales. No por nada, terminarían -en su discutida etapa de estrellas de arena rock a mediados de los setenta- adoptando la raíz estadounidense (hillbilly, country, folk) como única alternativa “pura”, ante tanta carencia de sentido

LA “RAIZ” AMERICANA COMO TIERRA PROMETIDA. Hasta hoy, el country es visto como una música republicana, redneck o, como decía Clint Eastwood en Gran Torino (que quizá se llevaría muy bien con Davies) “white trash hillbillys”. Sin embargo, algo hay en sus rasgueos que imitan el galope del caballo (¿una reacción ante la aparición civilizadora de la locomotora? y, sobretodo, en sus tradición de melodías tristes/jaculatorias, una sabiduría que dialoga perfecto con el blues, el r&b y la canción popular estadounidense (5)

Esto explica, la relativa indiferencia de Ray Davies y su hermano Dave (en eterna disputa), Pete Quaife (bajo, John Dalton sería su reemplazante desde 1969) y  Mick Avory (batería) ante las citas, homenajes o directamente saqueos de Oasis, Blur (”Parklife”, sobretodo) o Pulp (el Different Class de 1995, era una actualización casi textual del Something Else de 1967). El britpop vivía en el presente, y Davies se sentía cómodo explorando con la raíz americana, tal como Bob Dylan.

Su disco Working man café (2007) posee la eterna contradicción de sentirse subvalorado socialmente, pero haber elegido cortar vínculos; de criticar la americanización de la vida pero tocar country/folk; de querer ser invisible, pero que te tomen en cuenta. A mi me afectó mucho leerlo la Rolling Stone, cuando decía que aun no se recuperaba del asalto de 2004 en su casa de New Orleans. De hecho tengo pegada en mi escritorio una foto de la revista Q de la época, donde dice “Bullets hurt. i`ve got a bit on my leg”.

Lo que más le preocupaba al buen Ray era no haber podido defender mejor a su esposa (en realidad si, evitó que las balas le llegaran) y que este realmente no es un mundo para viejos como él.

Por eso quizá, sea más fácil escuchar a The Beatles.

Picture Book es una caja de seis discos que reune hits, inéditos y grabaciones para la BBC. Fue lanzado el 2008 por Sanctuary Records. Una reseña acá.


Notas:

(1) Idea de Rodrigo Fresán expuesta en Página/12 y citada por Ariel Rot y Andrés Calamaro.

(2) La biografía de los Beatles nos parece tan ordenada y mitificada (niños pobres de la posguerra/Iniciación en Hamburgo/Beatlemanía/Invasión británica/Cumbre artística/India/Decadencia/Let It Be) quizá debido a que es la primera banda de rock, de la cual se escriben libros de tapa dura realmente masivo, heredando cierta mirada Hollywoodense mezclado con sensacionalismo periodístico (los Beatles nunca fueron realmente pobres, basta ver sus casas de Liverpool) y ciertas nociones “causa-efecto” de la historiografía moderna. Pensamos en la biografía autorizada de Hunter Davies (1968). O esta frase de Jay Cocks en una Time de 1980, citada por Alejandro Flores Pinto en su libro “Mil fechas en la historia de los Beatles (1992, C&S producciones, Concepción)

“Ellos hicieron historia tan rápidamente y tan “sismicamente” que su cronología puede ser entregada como un código, o como un juego de asociación en la cual palabras, frases, trozos de versos, nombres, pueden representar años enteros (…) Ed Sullivan, Caramelos. Hotel Plaza. Melenas. Arthur y A Hard Days Night. El Maharishi y M.B.E. Sargeant Pepper. LSD. Apple. “Más populares que Jesús”. Shea Stadium. Album Blanco. Yesterday. “I`d love to turn you on”. Jane. Patti. Cynthia. Linda. Yoko. “Paul Murió. Abbey Road. Let it Be”

(3) En este punto, Los Rolling Stones se limitaban a reelaborar lo que The Beatles iban haciendo. Yesterday/As tears go by, Lucy in the sky with diamonds/Shes a rainbow, Revolution/Jumpin`Jack Flash. The Who efectivamente fueron “influídos” a adoptar un sonido más Kinks por el manager Shal Talmy. El resto de las bandas (Hollies, Jon Spencer Group, Small Faces) fueron mas permeables aun, con honrosas escepciones como los ya citados The Zombies

(4) El punk más que “salvar” al rock de la música progresiva, los dinosaurios y lo disco, simplemente potenció a la industria discográficas de fine de los setentas. Remitirse a Simon Reynolds y su artículo “La revolución incompleta” acá.

(5) Si bien, basta sintonizar la Radio 1 inglesa para comprobar como avanza el cut&paste entre la electrónica y lo “afrocaribeño”, hay un elemento de “tradición” que esta música sostenida en la fragmentación.

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